
Agresividad infantil (2ª parte)
El 12 de julio de 2022 escribíamos sobre este mismo tema y, con el fin de atender la solicitud de una de nuestras familias, hemos pensado que profundizar en el mismo nos puede ayudar a todos porque la agresividad infantil es un problema que puede suceder en todas las casas.
Cuando un niño se muestra agresivo, se puede considerar, en definitiva, como un trastorno y es un problema para padres y educadores porque, al igual que sucede con lo desobediencia, en muchos casos invalida al adulto.
Suele darse en niños sobreprotegidos, sin límites, manipuladores, rebeldes y retadores. En estos casos, llega un momento en el que no sabemos cómo actuar con ellos.
La detección precoz de este trastorno es clave para poder controlarlo lo antes posible, ya que un diagnóstico a tiempo podrá prevenir patologías futuras en la edad adolescente y adulta.
Ante los comportamientos agresivos hay que intervenir cuanto antes.
¿Qué puede ocurrir si no se interviene a tiempo ante un comportamiento especialmente agresivo? Lo más probable es que el niño sufra rechazo de sus iguales, posible fracaso escolar y conducta antisocial en la adolescencia.
El comportamiento agresivo que un niño manifiesta es el inicio de las complicaciones sociales que se establecen a lo largo de su desarrollo y, por tanto, va a dificultar la integración en cualquier ambiente, porque será rechazado.
Cómo proceder ante un niño agresivo.
Hay que llevar a cabo un proceso de socialización y corrección de la conducta agresiva para que acabe derivando en un estilo de comportamiento asertivo.
A partir de cierto momento del desarrollo evolutivo ya no se pueden considerar estos comportamientos como normales, no son frustraciones de proceso.
Entendemos que la agresividad infantil se produce cuando se produce daño a otra persona, un igual o un adulto, o incluso a los objetos. La conducta tiene que ser intencionada y, cuando nos referimos a nuestros pequeños, lo normal es que sea agresión física y no psicológica, porque aún son muy pequeños.
La agresividad, independientemente del tipo que sea (física, verbal, contenida), siempre tiene un denominador común, que es un estímulo que resulta nocivo o aversivo. A veces no se detecta ese estímulo y la reacción agresiva se produce igualmente, es decir, sea cual sea el conflicto, ese sentimiento de frustración o emoción negativa le hará reaccionar.
Los factores que influyen en una conducta/comportamiento agresivo pueden ser los ambientales que rodean al niño o incluso factores fisiológicos (orgánicos), que deben ser valorados por el especialista.
Ante una situación de agresividad en un niño agresivo, siempre tienen que trabajar de forma conjunta la familia y la escuela.
Para realizar la evaluación de un niño agresivo hay que tener en cuenta los antecedentes y las consecuencias de dicho comportamiento: qué ha pasado antes y cómo ha reaccionado. También hay que evaluar las habilidades cognitivas y conductuales necesarias para responder a las situaciones conflictivas con las que se encuentra.
Es muy importante evaluar las posibles deficiencias en el procesamiento de la información con el fin de detectar cómo interpreta el niño esa situación, porque una determinada situación puede provocar un comportamiento u otro en función de la intención que el niño le adjudique a la situación.
Tratar de reducir o eliminar la conducta/comportamiento agresivo de un niño es implicar a todo su entorno y trabajar con coherencia en la forma de actuar y de decirle las indicaciones.
Cómo eliminar los comportamientos agresivos.
- El niño debe aprender conductas/comportamientos alternativos a la agresión (conductas asertivas y socialmente hábiles).
- Se debe hacer un refuerzo de las conductas adaptativas.
- Provocar la extinción de comportamientos agresivos: si no se refuerzan, no tienen éxito y el niño prescindirá de ellos.
- Si hay consecuencias dañinas para otros, no se actuará jamás con la indiferencia porque puede entender que estamos aprobando el acto.
- Usar la técnica del “tiempo fuera”: al niño se le retira de la acción reforzante, y la de “coste respuesta”, que consiste en retirar un reforzador positivo y en la pérdida de privilegios.
- En ningún caso se debe utilizar el castigo físico.
Cómo debemos actuar cuando vemos un comportamiento agresivo:
- Siempre dar al niño una advertencia o señal cuando se detecta que va a actuar.
- Si es un “no”, se debe hacer de forma firme y definitiva. Ni un paso atrás.
- No depender de nuestro estado de ánimo, sino de la conducta/comportamiento emitido por el niño.
- No dar explicaciones; el niño sabe perfectamente que lo ha hecho mal.
- Reforzar con conductas alternativas para ayudarle a distinguir lo que es aceptable de lo que no lo es.
- Pararlo a la primera, no conceder oportunidades.
Las conductas/comportamientos agresivos son aprendidos y se pueden modificar, pero no es un proceso rápido, lleva su tiempo, y a veces bastante, por lo que necesitamos mucha paciencia y perseverancia en nuestras actuaciones y criterios educativos.
Primeros pasos ante la aparición de un comportamiento inadecuado:
- Definir la conducta.
- Controlar la frecuencia de esa conducta.
- Hacer una definición funcional de la conducta: antecedentes y consecuentes.
- Establecer los procedimientos que se van a utilizar para la modificación de esa conducta.
En caso de que solos no podamos hacerlo, aconsejamos contar con la ayuda de un profesional para que nos dirija en el proceso de llevar a cabo nuestro entrenamiento asertivo hacia el pequeño. Todos seremos mucho más felices si vemos que el niño mejora y baja considerablemente su nivel de agresividad y de ansiedad.


