
Veranitis
El verano es una época de alegría, diversión y descanso para los niños y para las familias pero hay que ser conscientes de los peligros que conlleva esta calurosísima estación.
Vamos a recordar algunos de los riesgos a los que nos enfrentamos para tenerlos todos presentes y poder prevenirlos y reaccionar muy rápido en el caso de que nos topemos con alguno de ellos.
Los sitios de baño.
Las piscinas, el mar, los ríos, los pantanos, un lago, la bañera… En cualquier medio donde haya agua, por pequeño que sea, “no podemos dejar de mirar al niño”. Cada uno de ellos tiene sus riesgos: profundidad, corrientes, la marea, etc. El ahogamiento es la principal causa de muerte accidental en niños durante el verano.
Los niños se ahogan porque, entre otras cosas, no se mueven y, por tanto, no dan sintomatología de que algo va mal. Deja el teléfono muy escondido y no dejes de mirar al niño.
Mucho cuidado con las piscinas de plástico. Muy pocas son antideslizantes por lo que no sólo hay riesgo de ahogamiento sino que, además, el niño puede escurrirse y hacerse muchísimo daño.
Los golpes de calor.
Las insolaciones son otro de los peligros a los que nos enfrentamos en verano, y provocan deshidratación, agotamiento y mucha fiebre. A veces son tan graves que pueden llegar a ser mortales.
En verano es recomendable vestir a los niños con ropa muy holgada y ligera, mejor de tejidos naturales, como algodón o lino, y dejar las fibras sintéticas para otro momento. Por supuesto, limitar la exposición al sol en las horas más centrales del día, mantener sus cabecitas húmedas y, si se dejan, ponerles una gorrita fina. Si vamos caminando, buscar lugares con sombra para descansar con ellos en la calle y, por otra parte, tener mucho cuidado con los cambios bruscos de temperatura que, generalmente, son muy gravosos para los niños.
Las quemaduras solares.
Son otro de los hándicaps en esta época del año: se nos olvida protegerles porque creemos que con que ponga protección SPF 50 es suficiente, pero os recordamos que son sólo “cincuenta minutos de protección”, por lo que una alarma en el móvil no está de más para repetir las aplicaciones de la crema. Actualmente existen los sticks de protección que no pringan y son muy cómodos de llevar encima y con un nivel de protección muy alta.
La piel de los niños es muchísimo más sensible que la de los adultos por lo que, aunque esté nublado, échale cremita.
Los ojos también son muy delicados, bastante más los ojos claros. Podemos protegerlos con unas gafas de sol, pero no con cualquiera, los cristales deben ser homologados porque podemos proteger del sol y, sin embargo, cargarnos la vista del niño.
Las picaduras.
¿Pero, qué le ha picado? Muchas veces es difícil adivinar el bicho, pero lo que es muy importante es comprobar que no se infecten, que no les dé fiebre a los niños, porque en algunos casos una picadura puede transmitir enfermedades o provocar alergias.
Los niños pueden estar muy molestos porque “pica”, así que al rascarse se llevan la piel por delante, se hacen heridas y se pueden provocar una infección al tener las uñas sucias, por lo que debemos tener una crema calmante de prurito y, en caso de que sea mucho, id al pediatra porque probablemente necesite antihistamínico local u oral dependiendo de cómo sean los picotazos.
Si vas al campo, al parque, al mar, al río, etc., no dejes de usar un repelente de insectos especial para los niños y ¡ojo en el monte!, donde podemos encontrar las desagradables y peligrosísimas garrapatas que producen la enfermedad de Lyme y que puede resultar muy grave.
Las aguas estancadas, mejor no acercarse a ellas, ya que son criaderos de mosquitos.
Cuidado con lo que comemos.
En verano también frecuentamos mucho más los restaurantes y bares, comemos de tapas o nos llevamos la comida a la playa o al campo. Hay que tener mucho cuidado con lo que comemos fuera, pero también debemos ser muy cuidadosos en casa: meted todo a la nevera, porque el calor favorece la proliferación de bacterias que nos pueden causar intoxicaciones alimentarias.
Debemos asegurar, en la medida de lo posible, porque en muchas ocasiones es muy complicado, que los alimentos se hayan manipulado y cocinado correctamente y, por supuesto, lavar muy bien todas las frutas y verduras antes de que se vayan a consumir. Si sobra comida, refrigérala lo antes posible.
Y, cómo no, con los accidentes.
La cantidad de tiempo libre que tienen los niños y nosotros mismos implica que estén más expuestos a sufrir accidentes, por lo que nunca pueden estar sin supervisión. Acuérdate: ¡Mucho cuidado con un niño que está en silencio!
Limitar el uso del móvil al mínimo.
Y, por último, os aconsejamos “esconder el teléfono” o cualquier otro tipo de pantalla, incluida la televisión. Sabemos que os pedimos un esfuerzo enorme pero realmente merece la pena ya que evitaréis el sedentarismo en el niño y el exceso de actividad mental y capacidad de “enganche” que suponen estos medios digitales que, además, son unos de los generadores de los trastornos del sueño. Entre los cambios en la rutina diaria, del sueño y las pantallas, la mezcla puede ser terrible.
Trata de mantener una rutina de sueño regular, incluso durante las vacaciones. Los niños no se tienen que adaptar a nosotros, el sacrificio debemos hacerlo los padres, aunque cueste. Es importante crear un ambiente de relajación y oscuro que permita un mejor descanso porque los pequeños también pueden sufrir estrés y ansiedad, muy frecuentes durante el verano debido a todos los cambios que se producen en la rutina, el tremendo calor, los cambios de ritmo alimenticio…
La clave para poder disfrutar un verano seguro: niños permanentemente supervisados por el adulto pero permitiéndoles su espacio de oxígeno.




