
La noche mágica de San Juan
Había una vez una escuela en la que los pequeños trotamundos disfrutaban cada día. Una mañana se reunieron y decidieron celebrar una fiesta en la que se dieran saltos y más saltos: el Día de San Juan.
En realidad, lo que se celebra es la Noche de San Juan, pero eso en la escuelita no lo podemos hacer porque, por la noche, se duerme… ¡Shssss!
Lunes 24 de junio, todo preparado. Los trotamundos, los maestros y, por supuesto, las hogueras.
Pero, antes de saltar, tenemos que conocer algo más de la magia y de todas las tradiciones ancestrales que rodean a las hogueras. Dicen que las hogueras purifican. Además, que se puede pedir un deseo, así que cada uno vamos a pedir un deseo mágico escribiéndolo en un papel en blanco.
Así que, con nuestro deseo oculto escrito en papel en blanco, saltamos una y otra vez. Más que trotamundos, ahora podrían llamarnos “saltamontes” porque ¡no hemos parado! Los corazones nos latían rápido con la emoción de guardar el turno, sin empujarnos, y cada toque de silbato ¡salta uno!
Con música, con risas y con muchas ganas de saltar, los niños corretean por el patio esperando su turno.
Una vez que todos hemos saltado todos varias veces, hemos hecho como los indios sioux: una danza al fuego haciendo un corro enorme donde hemos compartido canciones y conversaciones muy especiales. Hemos terminado mirando al cielo, todos tumbados sobre el césped descansando de todo lo que hemos jugado.
Los niños han vivido una aventura mágica y han seguido fortaleciendo vínculos sociales con sus iguales y con sus maestros.
La amistad y la alegría son dos verdaderos tesoros que no debemos perder nunca y ambas las trae, de forma muy especial, la noche mágica de San Juan.



