
Día Escolar de la Paz y la No Violencia
Cada año, el 30 de enero celebramos en los centros educativos el Día Escolar de la Paz y la No Violencia, una fecha señalada para recordar la importancia de construir relaciones basadas en el respeto, la cooperación y la convivencia.
Este día fue declarado por la UNESCO y conmemora la figura de Mahatma Gandhi, líder social que defendió la no violencia y la resistencia pacífica frente a la injusticia. Su legado quedó resumido en una frase que sigue inspirando al mundo: “No hay camino para la paz: la paz es el camino.”
Educar en una cultura de paz no es hablar de conflictos o guerras, sino enseñar a los niños, entre otras muchas cosas, a compartir, respetar turnos, dialogar cuando surge un desacuerdo, comprender las emociones, propias y ajenas, desarrollar empatía y pedir y ofrecer ayuda.
Son gestos cotidianos que construyen ciudadanía desde la infancia y que permiten crecer como personas respetuosas, críticas y comprometidas.
En la etapa de Educación Infantil, la paz se trabaja desde lo cotidiano, a través del juego, las rutinas, las conversaciones y el acompañamiento emocional. Para un niño tan pequeño como los nuestros, “hacer la paz” es, por ejemplo, devolver el juguete que han quitado a otro, pedir permiso en lugar de empujar, decir “lo siento” a su manera, escuchar a sus compañeros cuando están participando y, más adelante, cuando llegue el momento, compartir.
Son acciones sencillas pero poderosas, que nos recuerdan que la paz no es solo un discurso, sino una forma de relacionarnos.
Los centros educativos se convierten este día en defensores de la paz, del entendimiento y de la convivencia, independientemente del origen, cultura o modo de pensar de cada persona.
Pero esta tarea no es exclusiva de la escuela: la paz también se aprende en casa. La familia es el primer espacio donde se modela la resolución pacífica de conflictos, dónde se aprende a escuchar y dónde comienza el respeto.
Un compromiso educativo que empieza desde la infancia ya que, si practicamos el diálogo, respetamos y cuidamos a los demás, estamos sembrando las semillas de un futuro más humano.
Hablar de paz es hoy más necesario que nunca. Vivimos en un mundo atravesado por guerras y numerosos conflictos activos que nuestros pequeños no deberían tener que conocer de primera mano. Ojalá algún día solo los encuentren en los libros de historia.
Ante este contexto, recordar el valor de la paz cobra un sentido aún más profundo: si no promovemos la no violencia desde la infancia y desde las familias, difícilmente podremos construir sociedades más justas en el futuro.
La paz se construye desde los gestos más pequeños y empieza en el ámbito familiar.




