
Leer en voz alta: el valor de parar y escuchar
Hoy se celebra el Día de la Lectura en Voz Alta y, al recordarlo, es inevitable pensar en dos momentos muy simbólicos de nuestra vida cultural: la lectura continuada del Quijote en la Universidad de Alcalá de Henares y la lectura de artículos de la Constitución, que el pasado año 2025 fue protagonizada por niños de Primaria.
Estos rituales literarios nos recuerdan algo esencial: leer en voz alta no es solo tradición o cultura, sino también una herramienta poderosa para aprender. Por eso, en lugar de limitar la celebración a un solo día, hemos decidido ampliarla. Durante todo el mes de febrero dedicaremos entre tres y cinco minutos diarios a escuchar un cuento breve.
La intención es simple, pero profunda: que el cuerpo se serene y la mente se concentre en la historia. Si durante ese pequeño espacio de tiempo conseguimos atención, calma y conexión, habremos alcanzado nuestro objetivo.
Además, este día tan especial nos ha acompañado THEO, nuestro golden retriever de trabajo. La presencia de perros en nuestra escuela es una iniciativa que comenzó con Hunter y que nace de un programa internacional de gran recorrido, el Programa R.E.A.D.® (Reading Education Assistance Dogs).
Este programa, creado en Estados Unidos en 1999 por Intermountain Therapy Animals (ITA), utiliza perros especialmente adiestrados para mejorar las habilidades lectoras de los niños. Leer junto a un perro genera un entorno seguro, sin juicios ni prisas, donde el error no pesa y la confianza crece. El resultado es una mejora en la fluidez lectora, la comprensión y, sobre todo, en la autoestima de los niños.
Leer en voz alta genera un ambiente de escucha compartida que convierte la lectura en una experiencia placentera. Al escuchar relatos, los niños activan la imaginación, amplían su vocabulario y descubren que los libros no son solo tarea escolar, sino una fuente de disfrute. Y lo más importante: esa curiosidad que nace al escuchar suele transformarse, poco a poco, en ganas de leer por iniciativa propia.
En casa también puede hacerse: unos minutos cada día, sin prisas y sin exigencias. Entre todos podemos construir algo fundamental: despertar el deseo de leer.




