
La educación de la frustración
¿Podemos afirmar que nuestros hijos están educados en la tolerancia a la frustración?
Cada vez más familias nos consultan sobre el comportamiento de los niños. Vero, ¿qué está pasando?
En realidad, parece que en la actualidad los padres no estamos preparados para afrontar estos cambios tan bruscos de los comportamientos de nuestros pequeños. Los hemos tratado con mucho cariño, paciencia y dedicación. Les hemos dado y consentido todo. Les hablamos con dulzura, pero el niño se frustra y hace cosas que, aunque consideremos “normales por proceso evolutivo”, o al menos es lo que nos dicen, no podemos entender y parece que se hayan vuelto contra nosotros, incluso nos muerden o nos levantan la mano.
Los niños educados en la frustración son personas que toleran, que aceptan que las cosas no sean siempre como ellos quieren; saben esperar, no interrumpen conversaciones porque respetan al adulto, a los maestros y a los iguales. Tienen claro la jerarquía y a quién deben escuchar y obedecer, tienen criterio y piden explicaciones de forma educada y correcta.
Si están jugando a algo y no tienen éxito a la primera, no se rinden y continúan intentándolo y saben pedir ayuda, sin exigirla, hasta que lo logran. Cada intento es un paso de madurez y aprendizaje.
Los niños educados en la frustración saben respetar las reglas del juego y, cuando pierden, aunque no les haga gracia, no se enfadan y siguen jugando y esforzándose por ganar.
Orientaciones para educar a los hijos desde la más tierna infancia en la frustración.
La frustración es una emoción natural que todos experimentamos a lo largo de la vida. Sin embargo, para los niños pequeños, que aún están desarrollando sus habilidades emocionales, puede ser especialmente difícil lidiar con ella. Es por esto por lo que es importante que los padres y educadores comencemos a enseñarles a los niños a tolerar la frustración desde la más tierna infancia.
¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a adquirir esa importantísima educación en la frustración? Os dejamos algunas orientaciones que quizá puedan ayudaros con esto:
- Valida sus emociones, porque es importante que los niños sepan que sus emociones son válidas, incluso las negativas como la frustración, tal y como ya hemos comentado en algún otro artículo anterior. En lugar de intentar reprimirlas, vamos a ayudarles a comprenderlas y a expresarlas de manera adecuada. Por ejemplo: “Te entiendo perfectamente, es normal sentirse así cuando las cosas no salen como a uno le gusta”.
- Ponerse en el lugar del niño y tratar de comprender cómo se siente (empatizar) puede ser una herramienta muy poderosa para ayudarlo a calmarse y a manejar la situación. Podemos decirles: «¿Sabes que yo también me disgusto cuando las cosas no me salen bien? Te comprendo perfectamente y sé que es difícil afrontarlo, pero ¡puedes hacerlo!”
- Aprender estrategias de afrontamiento es una herramienta tremendamente poderosa porque encontrarán diferentes maneras para calmarse y tranquilizarse, como, por ejemplo, respirar profundamente, contar hasta diez, tomar un descanso o hacer una actividad relajante.
- Ayudarles a identificar el desencadenante del enfado es buenísimo porque les ayudará a reflexionar y comprobar si el hecho que ha causado el enfado realmente ha sido tan importante o es menos de lo que creía.
- Somos su modelo/ejemplo a seguir porque nos observan continuamente y nos imitan. Si somos tranquilos, pacientes, responsables, cuidadosos, ordenados, intentarán hacer lo mismo. Modelaremos formas adecuadas de manejar la frustración en ellos, lo que significa mostrarles nuestras propias emociones de manera adecuada y correcta para que aprovechen el aprendizaje de las estrategias de afrontamiento que son realmente efectivas.
- Fomentar la independencia. Permitir que los niños experimenten y prueben cosas por sí mismos, incluso si cometen errores, les ayudará a desarrollar su confianza en sí mismos y su capacidad para resolver problemas. Esto también les ayudará a aprender a tolerar la frustración cuando las cosas no salen como ellos quieren.
- Elogiaremos su esfuerzo y no sus resultados. El proceso es lo importante ya que les ayudará a desarrollar una mentalidad de crecimiento y a persistir ante las dificultades. Se harán niños fuertes.
- Y por último ese recordatorio que tantas y tantas veces Delphos os manifiesta: ser pacientes es virtud de padre y madre, porque enseñar a los niños a tolerar la frustración requiere mucho tiempo y paciencia, avances y retrocesos, pero la semilla va calando aunque a veces podamos pensar ¿qué es lo que estoy haciendo mal para que sigamos en esta lucha?
Los niños no progresan tan rápido como nos gustaría. ¡Demos ejemplo! Los adultos somos nosotros y no ellos.


