
¿Existe realmente un secreto para la crianza de los niños?
Después de 32 años trabajando con familias, he visto de primera mano cómo ha cambiado la experiencia de ser madre y padre. Analizando la evolución desde los años 90 hasta hoy, he notado cómo las modas y las influencias externas, muchas veces promovidas por “influencers”, marcan la crianza de los hijos.
La forma de criar a nuestros hijos siempre ha dependido de nuestros valores y del entorno. Antes, nuestra presencia era clave, pero, hoy en día, los móviles, las redes sociales y la inteligencia artificial compiten directamente por la atención de los niños y jóvenes. A pesar de esto, sigue siendo nuestra responsabilidad guiarles para que tomen las mejores decisiones.
La crianza actual, basada en la “obediencia al niño”, es una apuesta peligrosa. Bajo la excusa de que «son muy pequeños», se permite un comportamiento que, con el tiempo, se vuelve difícil de corregir. Pretender educar a una persona cuando ya es mayor, después de haberle permitido todo en su infancia, es un error. Los adultos deben establecer límites desde el principio.
A lo largo de los años, he notado que el foco en el niño ha llevado a que los miembros de las parejas, en bastantes casos, se descuiden. Se ha vuelto común que los padres se centren solo en los hijos y se olviden de la relación de pareja que había entre ellos antes de nacer el niño.
Descuidar la relación de pareja porque “sólo existe el niño” es una dinámica arriesgada porque genera formas de pensar y actuar diferentes. En 1989, John Rosemond afirmaba en su libro «The Six Point Plan for Raising Happy, Healthy Children” que un niño se siente seguro cuando sus padres son un equipo fuerte y unido, se ponen de acuerdo, tienen autoridad (no autoritarismo) y son coherentes y se respetan, escuchándose y cediendo. El amor y la dedicación a la pareja son clave para la estabilidad familiar y el bienestar del niño.
Quizás estas reflexiones no se ajusten, aparentemente, a la llamada «Disciplina Positiva», una metodología de crianza muy popular actualmente que requiere certificaciones especiales (en mi opinión, innecesarias) para poder impartirla que lo único que hacen es llenar el bolsillo de algunos. Sin embargo, en esencia, esta disciplina no es más que el sentido común de toda la vida.
Lo mismo pasa con la tendencia actual de los padres primerizos a pedir consejo para todo, incluso para amamantar, algo tan natural. Es sorprendente que una función biológica básica requiera ayuda profesional, lo que nos hace preguntarnos si tanta asistencia es realmente necesaria.
Decir «no» a un hijo es positivo. Aunque nos duela verlos gritar y patalear, experimentar la frustración en la infancia los prepara para la vida adulta y, sobre todo, para el entorno escolar. Ayudarles a desarrollar esta tolerancia es fundamental para su maduración y su futuro y será el resultado de la perseverancia.
Así mismo, involucrar a los niños en las tareas del hogar desde pequeños fomenta su sentido de la responsabilidad y los convierte en miembros activos de la familia. Sin embargo, de unos años a esta parte, tendemos a sobreprotegerlos, impidiéndoles aprender a su propio ritmo. Al evitar que se frustren y hacer las cosas por ellos, limitamos su capacidad de pensamiento y acción, privándolos de la valiosa experiencia de aprender a través del error.
La felicidad también hay que buscarla.
¿Buscas que tu hijo sea siempre feliz y esté siempre contento? Es crucial entender que esto no es posible. En lugar de buscar la alegría constante, los padres debemos proporcionarles las herramientas necesarias para que, por sí mismos, sean capaces de encontrar lo que les gusta y les haga felices. La felicidad es un concepto complejo y nuestra tarea no es dársela, sino enseñarle a encontrarla por sí mismo. Enseñarles a ser autónomos y resilientes es la mejor forma de asegurar que triunfen en la vida.
“Menos es más”, sobre todo cuando hablamos de juguetes. Llenar la casa de cosas es perjudicial para los niños. Pocos juguetes, pero que fomenten su imaginación y potencien su desarrollo. Si se aburre, es porque tiene demasiadas cosas. El aburrimiento es bueno porque estimula la creatividad; lo que no es bueno es la frustración que produce la sobreabundancia de objetos sin valor.
Finalmente, hablemos de las pantallas, un medio de relajación tan común en los niños de hoy. A pesar de que la ciencia ha demostrado sus efectos perjudiciales, su uso sigue extendiéndose. Muchas familias argumentan que son necesarias para la paz en el hogar, pero su uso puede generar una dependencia similar a la de las drogas. El inicio puede parecer inofensivo, pero eliminar un vicio siempre es un desafío.
Seguimos trabajando para que vuestros hijos reciban la mejor educación, con grandes valores humanos y un fuerte sentido crítico que les permita actuar siempre con libertad.



