
¿Son nuestros hijos realmente felices?
Desde el mismo momento en que nace un bebé, los padres sólo quieren lo mejor para él y sus principales objetivos son que sea muy feliz, esté muy cuidado y se críe sano y fuerte.
El objetivo “felicidad” es tan importante para los padres que desde el momento en que inician su búsqueda de centro educativo, además de priorizar que los cuidados sean excelentes, quieren que el niño sea muy feliz en el sitio que va a pasar tantas horas diariamente.
¿Qué es ser feliz?
Las connotaciones sobre el concepto de felicidad son muchas y muy dispares porque a las personas no nos hacen felices las mismas cosas, simplemente porque somos diferentes.
La búsqueda continua de la felicidad
En la sociedad actual estamos en una búsqueda continua de lo que podríamos llamar la “falsa felicidad”, una quimera que nos persigue sin descanso. Nos pasamos la vida buscando cómo ser felices, aunque la mayor parte de las veces esta “felicidad” que ansiamos sea un espejismo creado por expectativas irreales.
¿Cómo podemos proteger a nuestros pequeños de esa “falsa felicidad”?
Preservándolos de lo que “aparentemente” aporta felicidad pero que, en realidad, lo que hace es crear la necesidad de mucho más y que, como no se alcanza, nos aboca a un estado de intranquilidad.
- ¿Lo protegemos del materialismo o, por el contrario, lo estamos convirtiendo en un consumista compulsivo (“Quiero, quiero, quiero más…”).
- Creer que la felicidad se encuentra en la acumulación de bienes materiales se convierte en una búsqueda incansable e insaciable que nunca acaba de llenarnos. Siempre hay algo más que queremos o necesitamos y eso se transmite a los niños.
- ¿Lo protegemos de la comparación con los otros o, por el contrario, siempre le comparamos con los otros niños, con sus primos, con sus hermanos o con uno mismo cuando teníamos su edad?
- Medir nuestra felicidad en comparación con la de los demás nos lleva a envidiar, con lo cual, surgirán la insatisfacción y la frustración al considerar que seríamos más felices si nuestro pequeño tuviera más aptitudes o capacidades.
- ¿Lo protegemos de la constante aprobación externa? No podemos decir continuamente a un pequeño lo bien que lo hace porque una persona es feliz cuando se da cuenta de que ha conseguido algo por sí mismo; no hace falta que le animen o feliciten continuamente.
- Cuando un pequeño busca continuamente la validación y el reconocimiento de los demás para sentirse bien consigo mismo, se genera una dependencia que hará a ese niño vulnerable en la sociedad.
¿Cuándo es verdaderamente feliz un niño?
Los pequeños encuentran la verdadera felicidad cuando se les deja hacer, se les educa en autonomía, en responsabilidad y en fortalezas y se les ayuda a conocer sus debilidades para que luchen contra ellas; cuando se les refuerza para que emocionalmente sean fuertes, tengan un autoconcepto de sí mismo adecuado y su autoestima esté siempre alta.
- La felicidad es no reprimir sus emociones y tampoco juzgarlas, es dejarlas salir.
- La felicidad no es un estado permanente, sino un camino que se recorre día a día. Es un proceso de aprendizaje continuo que nos lleva a aceptarnos a nosotros mismos, a vivir el presente con plenitud y a construir una vida que tenga sentido para nosotros.
Y de cara a su futuro, educarles en la idea de que la verdadera felicidad es ser libre, no depender de nada ni de nadie, ser uno mismo y vivir plenamente la vida que tenemos en el presente, la que hemos vivido en el pasado y la expectativa que tenemos de ella en el futuro.


