
¿Qué hacer cuando un niño hace daño?
Son muchas las formas que un niño utiliza para hacer daño: pellizcar, morder, golpear, tirar del pelo, arrojar un objeto… Hay que enfocar de una forma muy cuidadosa, y siempre con un enfoque educativo, la manera de corregir a un niño cuando hace daño, sea de la forma que sea.
El primer impulso, cuando ocurre, es soltar un “no” bien grande, pero ¿realmente creemos que el niño comprende en ese momento por qué reaccionamos de esa manera brusca?
Cuando un niño hace daño es necesario intervenir de inmediato, preferiblemente sin gritos, pero sí con una acción firme para que el niño entienda que ese comportamiento no es aceptable. Si lo hacemos de forma calmada, pero firme, el niño comprenderá mucho mejor lo que le estamos diciendo que si hay una reacción desmedida por nuestra parte.
Una vez que la acción ha parado hay que explicarle a su altura, mirándole a los ojos, que eso que ha hecho duele y mucho, que puede hacer llorar al que le ha hecho daño. Utilizando un vocabulario adaptado hay que explicarles que hay que respetar a los otros y que no debe hacer daño igual que nosotros no le hacemos daño a él. Si esto lo acompañamos de un abrazo el niño comprenderá que no queremos estar enfadados.
Trabajar la empatía.
De esta forma estamos trabajando la empatía, ya que intentamos que el niño se ponga en el lugar de la persona a la que ha hecho daño.
Hay que explicarle que, si está enfadado, debe ir a mamá, a papá, a la maestra o al adulto de referencia y contarle que se siente mal. Otra opción es buscar un objeto de consuelo, como puede ser una música que le calme. En definitiva, tenemos que enseñarle a buscar alternativas para descargar su enfado y no hacer daño a otra persona. Lo importante es animarle a que nos cuente a su manera por qué se siente así, que encuentre la forma de expresar al adulto su enfado o tristeza.
Siempre que el niño haga daño hay que mantener una respuesta consistente y ser firme, porque eso ayuda a recordar al niño que eso no es correcto y que no son las reglas que tenemos estipuladas.
Cuando el niño sea capaz de manejar bien su comportamiento, hay que reforzarlo, felicitarle por lo bien que lo está haciendo, porque ese refuerzo servirá para corregir el comportamiento negativo.
Siempre hay que tener presente la edad del niño. No es lo mismo corregir a uno de dos años que a uno de cuatro o de seis. El nivel de comprensión y la madurez cerebral es totalmente diferente en un caso y en otro. Lo que sí es cierto para cualquier edad es que la corrección debe ser firme, comprensiva y afectuosa, evitando palabras inadecuadas y tonos de voz que pongan más nerviosos a todos. Si se establece un castigo, respetarlo y cumplirlo, aunque nos duela en el alma. Con la coherencia siempre se obtienen resultados positivos.
El trabajo de los padres o maestros es acompañar al niño, enseñarle y guiarle, no perjudicar su emocionalidad ni fomentar imitaciones equivocadas.


