
Estrellas que brillan
Durante esta época del año, nuestros pensamientos son diferentes, y los sentimientos y emociones que nos florecen son muy poderosas. Es un momento en el que prestamos aún más atención, si eso es posible, a todos los niños que nos confiáis, lo cuales van creciendo a nuestro alrededor, brillando cada uno de forma particular.
Cada día es diferente y tenemos anécdotas para aburrir. “Lo que sucede en la escuela se queda en la escuela”, pero hay veces que las situaciones son tan divertidas que no podemos dejar de verbalizarlas entre todo el equipo educativo y esas carcajadas nos mantienen muy vivos y nos dan fuerza para afrontar el día a día.
La mirada limpia y traviesa de los niños, que brilla con curiosidad y asombro, nos hace descubrir cada día algo nuevo. Esa mirada nos hace siempre pensar, y mucho más cuando no los entendemos. ¡Están tan cerca de nosotros pero a veces tan lejos! Porque, ¿quién es capaz de profundizar en esas mentes que maquinan continuamente qué es lo siguiente que pueden hacer?
Igual que miramos y observamos con detenimiento a nuestros niños, que tanto nos dan que pensar, también miramos y observamos un cielo raso lleno de estrellas, y ambas situaciones nos llevan a estados de máxima relajación. Hay veces que tenemos la oportunidad de observar tranquilamente a los niños, su juego, sus conversaciones, sus trastadas, su empatía hacia el que llora… y respiras profundo y piensas “¡Me tiraría mirándolos todo el día!”. Igual que el cielo estrellado, los niños nos generan paz y alegría.
Los adultos somos sus guías y protectores. Al igual que la Estrella de Belén guió a los Reyes Magos de Oriente hasta el Portal de Belén para encontrar al Niño Jesús, nosotros, tanto la familia como la escuela, somos su estrella en sentido metafórico, porque los guiamos para ayudarles en su proceso de maduración y desarrollo.
El adulto tiene la oportunidad de brillar cada vez que les damos un abrazo, un beso, les consolamos, enseñamos y alimentamos, reímos con ellos o les vigilamos en el sueño, momento en el que por fin vemos el cielo lleno de estrellas y buscamos la paz después de toda la jornada, compartiendo con ellos esos momentos de silencio y relajación.
Dicen que la Navidad se llena de luces y de estrellas, pero a nosotros no nos hace falta que lleguen estas fechas para ser plenamente conscientes de que cada “estrella-trotamunda” que cada día nos ronda es nuestro tesoro más preciado y nuestra conexión con el mundo, con nuestras familias y con nuestra realidad diaria.
Mirad al cielo y disfrutad con ellos de tanta grandeza, misterio y realidad porque así son vuestros hijos: grandes, misteriosos y reales. ¡Seguimos!


