
Equidad, no igualdad
Equidad no es igualdad: comprendiendo las diferencias para construir una sociedad más justa.
Actualmente, es habitual insistir en la importancia de lograr una sociedad más justa e inclusiva, equiparando el término equidad con el de igualdad o, lo que es peor, ignorándolo.
Ambos conceptos son fundamentales, pero no son sinónimos, y por ese motivo hoy escribimos para hacer ver que comprender sus diferencias es crucial para abordar las desigualdades y construir una sociedad en la que efectivamente y de forma real todos tengan la oportunidad de prosperar.
Igualdad significa dar el mismo trato y las mismas posibilidades para todos.
La igualdad se refiere a la condición de ser iguales en derechos, oportunidades o trato. Implica que todas las personas, independientemente de su origen, género, raza u otras características, deben recibir el mismo trato y tener las mismas oportunidades.
La igualdad es un principio fundamental de justicia y derechos humanos, y es esencial para garantizar que todos tengan la oportunidad de desarrollar su pleno potencial.
Equidad es un término que implica justicia en la distribución de recursos y oportunidades.
La equidad, se centra en la justicia en la distribución de recursos y oportunidades, pero reconoce que las personas tienen diferentes necesidades y circunstancias, y que dar a todos el mismo trato puede no ser suficiente para lograr resultados justos.
La equidad implica adaptar el trato y las oportunidades a las necesidades específicas de cada persona o grupo, teniendo en cuenta sus desventajas o barreras.
¿Y, por qué consideramos que es muy importante que se sepa distinguir entre equidad e igualdad?
Porque esta distinción es la que nos permite en la realidad abordar realmente las desigualdades de manera más efectiva.
Si nos centramos únicamente en la igualdad, pasaremos por alto las necesidades específicas de ciertos grupos, perpetuando las desigualdades existentes, porque, en realidad, no todos somos “iguales”.
Las necesidades, la capacidad, la inteligencia, las aptitudes, la forma de actuar y comportarse, la cooperación, las ganas de trabajar no son iguales por lo que, insistiendo tanto en la igualdad, se está contribuyendo a que cada vez se actúe más por la “ley del mínimo esfuerzo”. Sin embargo, “todas las personas somos diferentes”.
La equidad, al reconocer estas diferencias, nos permite diseñar políticas y programas más específicos, efectivos y objetivamente reales para lograr que cada persona consiga y luche por lo que realmente quiere llegar a ser. Con la equidad es como se consiguen los resultados objetivamente justos.
Queremos que nuestros trotamundos se eduquen en la equidad y no en la igualdad, “porque no somos iguales”.
Aunque igualdad y equidad sean conceptos complementarios, porque se refuerzan mutuamente, el significado de fondo es radicalmente distinto.
La igualdad es el punto de partida, el reconocimiento de que todos merecen el mismo trato y las mismas oportunidades.
La equidad es el camino, el proceso de adaptación de ese trato y oportunidades a las necesidades específicas de cada persona o grupo de personas de características similares.
Si se comprenden y se aplican ambos conceptos correctamente será cuando se consiga realmente una sociedad más justa e inclusivo donde todos tengan la oportunidad de prosperar conforme a sus características individuales como personas.


