
El desafío de la adaptación
El crecimiento de un hijo constituye, en sí mismo, un verdadero desafío que todos los padres debemos afrontar ya que vendrá acompañado de recuerdos muy felices, de sustos, de anécdotas y de logros continuos que nos llenarán de orgullo.
Comienza el curso lectivo en el que hemos decidido escolarizar a lo que más queremos en este mundo, nuestro hijo, y la adaptación la vamos a vivir todos los que estamos involucrados en este proceso.
Compartir este momento con nuestro hijo será gratificante y enriquecedor siempre que la familia y la escuela seamos del mismo equipo, nos pongamos de acuerdo y procuremos conseguir el mismo objetivo, que es dar lo mejor de nosotros para que el niño se sienta querido y acompañado en todo momento.
El desafío que os proponemos no es nada fácil para ningún componente del equipo que hemos formado (Familia y Escuela). Para los padres, porque va cargado de sentimientos de ambivalencia afectiva, es decir, sentimientos que se refieren a la experiencia de tener emociones contradictorias hacia la persona que voy a escolarizar, nuestro hijo. Es como tener dos sentimientos opuestos tirando de nosotros al mismo tiempo, el ser fuertes y el malestar al separarnos por primera vez de nuestro hijo.
Por nuestra parte, en este proceso de adaptación estaremos centrados en acompañar, orientar y ayudar, no sólo al niño sino también a vosotros para superar lo antes posible los temores lógicos de esta nueva y desconocida situación.
Somos el espejo de los niños. Si nos sienten seguros, firmes y convencidos, además de manifestarnos como somos habitualmente, esto es, confiados, es mucho más fácil generar confianza en el niño. También es importante expresaros con comunicación abierta para soltar emociones y quedaros más tranquilos.
La angustia lógica del niño con respecto al primer, segundo, tercer, etc. desprendimiento de padres o familiares, o incluso de la persona que hasta ahora lo ha cuidado, se manifestará con llanto, gritos, malestar físico, indiferencia… Con los niños cualquier reacción emocional es esperable, incluida la de ponerse malitos del disgusto, y simplemente es un tema psicológico por la ansiedad de la separación.
Todo niño y toda reacción de éste necesita un tiempo individual que es único en cada niño y no tiene por qué manifestarse el primer día ni la primera semana, puede manifestarse, incluso, pasado un mes de asistencia al centro educativo.
La adaptación se hará realidad en la medida que los adultos pasemos también por esta etapa de vinculación con el centro educativo y aceptando todas las vicisitudes lógicas y necesarias que acompañan a este precioso y doloroso proceso y terminará en el momento en el que la familiarización con la nueva realidad sea real. A partir de ahí los niños podrán conocer, confiar, investigar, explorar, jugar, disfrutar y, en definitiva, crecer.
Ante los ojos del niño el mundo se presenta inmenso. La seguridad para conocerlo reposa en la presencia de las personas que lo aman (anónimo).


