
Bienvenidos a este nuevo ciclo
Iniciamos un nuevo curso lectivo que para nuestra escuela es el trigésimo primero. Tenemos por delante un año de trabajo lleno de cambios para todos, para los niños, que crecen a pasos agigantados, para los padres, que van observando los cambios tan importantes que van teniendo sus hijos, y para los maestros.
Para algunos pequeños éste será el primer encuentro con un mundo exterior fuera de todo aquello que le es familiar y para esos padres que escolarizan y nos confían a sus hijos por primera vez, este alejamiento de sus hijos tendrá un ligero sabor amargo.
Este camino inicial que se llama septiembre será muy importante para la mayoría. Los niños darán sus primeros pasos vacilantes, pero enseguida serán firmes y seguros, pasos que les llevarán tan lejos como el niño desee ya que es mucho lo que les resta por andar.
La manera en la que los padres acompañen a su hijo en esta etapa inicial repercutirá en etapas posteriores.
A los padres nos empiezan a surgir dudas en el momento en que nuestros hijos comienzan este delicadísimo Primer Ciclo de Educación Infantil, viniéndonos pensamientos de este tipo:
- Le llevo de la mano hasta la escuela, pero ¿cómo le suelto?
- Le llevo en brazos y le doy un abrazo, pero ¿cómo puedo controlar no dárselo tan fuerte que no le haga daño?
- ¿Cómo consigo estar con el niño y alejarme a tiempo?
- Llora, no me suelta, ¿qué hago? ¿Siente miedo a que le deje?
Como siempre hay un momento en el que se produce la incorporación y es algo que para nosotros no es nuevo, compartimos con vosotros la sensación de miedo, ansiedad o angustia por esta separación.
Somos plenamente conscientes de que el tiempo que pasa en la escuela con nosotros es tiempo que “se pierde” con vosotros, pero también gana muchas otras cosas muy interesantes y positivas en su desarrollo evolutivo. Frecuentemente observamos que en ocasiones ciertas formas de actuar o la dificultad de los padres, o de la persona que deja al niño en la escuela, no favorecen el desarrollo de este período inicial e impiden una buena adaptación.
Otro factor que hay que tener en cuenta es la coherencia en la forma de actuar. Los niños crecen y dejan de ser bebés pero en casa se les sigue tratando como tal, como si no pudieran hacer nada por sí mismos, así que se resistirán a adaptarse a los cambios o reglas propuestas por la escuela infantil, cuyo objetivo es favorecer la independencia y autonomía, y, en algunos casos, incluso, obstaculizarán, sin querer, las adquisiciones del niño o, por el contrario, intentarán adelantar y apresurar el desarrollo del niño.
Queremos que reflexionéis sobre el perjuicio que pueden causar en el niño ciertas conductas, por lo que la comunicación con sus maestros o con la dirección de la escuela para resolver dudas es muy importante.
Nuestro propósito con vosotros, padres, es orientar y aconsejar, facilitar, tranquilizar y dar apoyo en los momentos que resultan incomprensibles y generan mucha ansiedad. Los niños son personitas muy cambiantes y, en muchas ocasiones, es difícil seguirles la pista.
Las pautas cambiarán conforme avance el curso. Poco a poco los pequeños se van a ir independizando de los estrechos lazos paternos y entrarán solos en la escuela para disfrutar de otros vínculos y de otros lugares de encuentro y de juego.
Cuando un niño crece, los padres debemos dar por perdidas algunas cosas: no pecho, no “bibe”, no brazos para pasear, no ayudas innecesarias, no pañal… y muchas otras.
Cada vez que un niño deja algo, es un punto y final, pero a su vez comienza otro punto de avance en el que ganarán otros muchos aprendizajes.
Los padres confiáis en el Centro Educativo que habéis seleccionado y en su capacidad para acompañar y querer a vuestros hijos y, lo más importante, acompañaros en esta etapa maravillosa.
Terminamos con esta reflexión: “Se hace camino al andar… y no se avanza si no se está dispuesto a dejar atrás el punto de partida”.


