
¿Conciencia o consciencia? El gran dilema
Hoy se conmemora el Día Internacional de la Conciencia.
Para familias con niños de 0 a 3 años, hablar de “conciencia” puede sonaros muy filosófico. Sin embargo, es algo que vivís cada día en casa, a través del juego y la interacción. Estáis asistiendo, nada menos, que al nacimiento del “yo”.
Aunque en el uso cotidiano ambas palabras se emplean como sinónimos, existe un matiz importante que nos ayuda a entender mejor el desarrollo infantil:
- Consciencia (con “s”): es estar “despierto”. Se refiere a la capacidad de percibir estímulos. Un bebé tiene consciencia cuando nota el frío, el hambre o el calor.
- Conciencia (sin “s”): implica el juicio moral, el saber qué está “bien” o “mal”, y también la percepción de uno mismo como un ser independiente.
La consciencia nos conecta con el mundo; la conciencia, con nosotros mismos y nuestros valores.
¿Qué es la conciencia en la primera infancia?
Para un niño de 2 años, la conciencia no es una reflexión abstracta. Es ese momento en el que empieza a comprender que es una persona distinta de mamá o papá, que sus acciones tienen consecuencias (si tiro el puré, cae al suelo) y que los demás también tienen sentimientos. Es ahí donde comienza a asomar la empatía.
La conciencia no aparece de golpe, sino que se desarrolla de forma gradual:
- 0–12 meses: el bebé vive en una especie de “fusión” con su cuidador. Su consciencia es principalmente sensorial.
- 12–24 meses: aparece el reconocimiento en el espejo. Es un hito clave: cuando el niño identifica que quien ve es “él mismo”, nace la conciencia del yo.
- 24–36 meses: surgen el “mío” y el “no”. Aunque a veces resulten desafiantes, son señales de una conciencia sana que está marcando límites y explorando su propia voluntad.
¿Cuántas veces te has fijado en cómo tu hijo descubre sus manos o se queda fascinado mirando su reflejo? No solo está jugando: está construyendo su identidad.
Es muy habitual confundir consciencia (sentir y percibir) con conciencia (entendernos a nosotros mismos y a los demás). En los primeros tres años, los niños avanzan desde las sensaciones hasta el gran hito del “¡yo solito!”.
¿Cómo podemos acompañar este proceso?
Para favorecer el desarrollo de la conciencia, nuestro papel es clave:
- Poner nombre a sus emociones: “Estás triste porque se ha roto tu juguete”.
- Permitirles experimentar consecuencias seguras: por ejemplo, que experimenten que sin botas de agua los pies se mojan.
- Antes de corregirles, hacer pausas que les permitan observar: “¿Has visto cómo se siente tu amigo al perder su cubo?”.
De este modo, les ayudamos a mirar hacia dentro y también hacia los demás.
En este Día Internacional de la Conciencia, trabajar o convivir con niños pequeños nos invita a implicarnos aún más en su desarrollo: con paciencia, reconociendo sus emociones y ayudándoles a comprender que sus pequeñas acciones dejan huella en su entorno.





