
Cuentos: La fantasía y el mundo real
En nuestra escuela infantil se ha dado siempre mucha importancia a trabajar los cuentos de tres formas diferentes:
- Lectura individual
- Lectura Regazo
- Biblioteca de aula
Las dos últimas opciones tienen un carácter grupal, pero con una clara diferencia.
En la lectura regazo, la maestra, con un libro de imágenes o un cuento atractivo, se rodea de sus pequeños y, mientras ella cuenta, los niños participan a su manera.
En la biblioteca de aula, los niños seleccionan el cuento que quieren para ellos y bien se agrupan de forma natural para compartir sus cuentos entre ellos o se retiran a verlo de forma individual.
Cuando se cansan de ese cuento porque ya no es atractivo para ellos, se levantan, colocan el que tienen en el mueble de la biblioteca y cogen otro. De esa manera transcurre el tiempo que se emplea en esta actividad, tiempo que vendrá marcado por ellos, por el interés por continuar o no.
“La fantasía de un cuento enseña a los niños el mundo real”
Cuando se realiza la lectura regazo, el cuento es cuidadosamente seleccionado en función del valor que se está trabajando con los pequeños trotamundos en la programación.
Somos plenamente conscientes de que esos animales, personajes o seres imaginarios que transitan por los cuentos ayudarán al niño a canalizar los sentimientos que les generan rebeldía o frustración, y les van a permitir comprender, a su nivel, una situación real que aún no es gestionable por ellos.
Cuando acompañamos a los niños a introducirse en ese mundo de fantasía les ayudamos a resolver sus conflictos internos, con los que necesariamente van a encontrarse en su crecimiento.
Cuando comenzamos, el “Érase una vez…” es un inicio, una preparación y una apertura a la atención. Es como la llave que abre la puerta al “Y ahora, ¿qué va a pasar?”: entramos en el mundo mágico del cuento y del desarrollo de la imaginación.
Los cuentos fantásticos tienen muchas ventajas porque conectan de modo intuitivo con sus deseos y los conflictos presentes que tienen en su pequeña mente y les ayudarán a clarificar sus emociones y alejar sus temores y angustias, con lo que poco a poco se neutralizarán los impulsos negativos de su comportamiento y desaparecerá la necesidad de llevarlos a cabo.
Los niños relacionan las situaciones de cada narración con las vivencias propias de su edad y con sus particulares emociones, por lo que es muy importante no avanzar con cuentos que no les correspondan, porque pueden llevarlos a percibir emociones que aún no les corresponde tener y perder así el interés por “esa lectura” que va a resultarles tan beneficiosa.
Las “particulares emociones” de los niños son las que les impulsan a pedir lo mismo una y otra vez, algo que a los padres nos resulta “tan pesado” e incomprensible. Los niños quieren y piden la misma historia, y procura no equivocarte y no realices el intento de cambiarla, porque si no te van a llamar la atención. No les gusta que te saltes una página, truco que utilizamos cuando ya es un poco tarde, así que no lo hagas porque vas a tener que volver a ir hacia atrás.
Los niños con estas repeticiones van sustituyendo los antiguos significados por otros nuevos y, de esa manera, paradójicamente, van encontrando sentido a su vida y, a través de la fantasía, se acercan a la realidad.
“La elección del cuento es muy importante”
Por ejemplo, si el cuento trata de: “Mamá se va a la compra, así que os tenéis que quedar con la abuela y no hay que abrir a nadie”, al tratar esta situación se está trabajando la separación de la familia que tanto les cuesta y en la que se ven reflejados.
Sabemos que uno de los temores más importantes de los niños es la sensación de soledad o de abandono. A los más pequeños, como bien habéis experimentado vosotros, hasta que entienden que su madre/padre vuelve a por ellos les cuesta unos días cuando se incorporan a la escuela, hasta que se dan cuenta de que su persona de apego vuelve siempre.
Todos los niños sufren esta dualidad:
- Necesidad de experimentar sus propias vivencias para seguir su proceso de desarrollo y crecimiento normal
- Necesidad de investigar el exterior pero con la fijación de quedarse junto al ser querido (madre/padre) o en su entorno conocido, que simboliza la seguridad.
Aprender hasta donde pueden llegar no les resulta fácil, por eso en ocasiones transgreden las normas que les han dado y sólo a través de la experiencia comprenden la necesidad de respetar ciertas reglas, pero para respetar las reglas formalmente y de forma consciente les falta aún cumplir un par de años más (esto ocurre más o menos a los cinco años, aunque puede ser un poco antes).
Para ayudar al niño a superar las frustraciones, los temores o los celos tendremos que seleccionar muy bien el cuento que se va a trabajar con él para que la identificación con el personaje le ayude a superar su problema.
En los cuentos fantásticos los personajes están claramente perfilados, encarnan el bien o el mal sin ambigüedades, para ayudar a los niños a entender la diferencia entre los buenos y los malos sentimientos.
El niño puede identificarse con el personaje bueno que tiene ciertos defectos, con lo que así se siente “bien” al tenerlos él también, pero no simpatizará con el malo y por eso se reirá cuando “algo malo le pasa en el cuento”.
Es muy importante acabar ayudando a percibir al niño que pase lo que pase siempre tendrá el refugio seguro de la familia o de sus maestras. Lo que se pretende cuando elegimos un cuento determinado es mejorar un comportamiento determinado o adquirir una habilidad concreta.
Por último, os facilitamos unas pautas de cómo contar un cuento:
- Seleccionar el cuento y leerlo y estudiarlo previamente e incluso ensayar la lectura del mismo.
- Coger preferiblemente al niño en el regazo.
- Es muy importante que el niño participe. Hay que hacer pausas y permitir que señale, pregunte, etc.
- Estar atento a sus palabras, gestos e incluso preguntas y siempre responder a ellas.
- Intentar contarlo siempre con las mismas palabras “si es que no lo vamos a leer”. Si lo leemos y hay una palabra que sabemos que no comprende bien, cambiarla.
- Hay que narrar en voz alta, clara, con ritmo y tonalidad, vocalizando muy bien y despacio.
- Utilizar sonidos onomatopéyicos (imitar un ladrido, un rebuzno, etc.) y cambiar la voz a los personajes y, si cantan, cantar también nosotros, poniendo música, aunque no la conozcamos.
- Promover la lectura individual dejándoles a mano en una estantería tres cuentos como máximo, que serán los que trabajemos durante una temporada.
¡Todos a leer!



