
Yoga con mamá
Hoy hemos estrenado una actividad muy especial que realizaremos de manera regular a lo largo del curso. Esta primera sesión ha sido una sorpresa para todas las familias, y ha sido posible gracias a la generosidad de la mamá de Gaia, que es profesora de yoga y quiso compartir con los compañeros de su hija un ratito maravilloso de juego guiado, movimiento y calma.
Comenzamos con una pequeña bienvenida y presentación (con regalito de pegatinas), y enseguida pasamos al calentamiento, que duró unos cinco minutos. Nuestra profe de yoga nos invitó a movernos como si fuéramos distintos animalitos del bosque: caminamos como elefantes de pasos pesados, nos movimos suavecito como ratoncitos, dimos saltitos de conejito, estiramos los brazos como grandes árboles, recogimos flores imaginarias del suelo y agitamos los brazos como pájaros. Los niños se lo pasaron en grande imitando cada uno de los movimientos.
Después del calentamiento, llegó el momento de la respiración, que trabajamos con la “respiración del oso”: una forma sencilla, divertida y perfecta para aprender a sentir cómo sube y baja el aire en la barriga. Hoy colocaron sus manitas sobre ella, aunque también podemos colocar un osito de peluche para que observen su movimiento. Tras el ejercicio, les dejamos unos instantes para volver a su ritmo.
La parte principal de la sesión se desarrolló a través de un cuento: la historia de Poggy Doggy, un perrito al que le encanta la tarta de calabaza que prepara su dueña, Lucy. A medida que avanzaba la historia, los niños iban adoptando distintas posturas de yoga adecuadas a su edad:
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Perro boca abajo (como nuestro protagonista Poggy Doggy)
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Postura del niño, que simulaba la deliciosa tarta
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Postura del gato, cuando aparece un gato gruñón que le roba la tarta
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Postura de la barquita, para remar y buscar ayuda
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Postura de la jirafa, cuando aparece Gerald, que por su altura será quien le ayude
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Y finalmente, postura de relajación, tumbados boca arriba, dejando que el cuerpo descanse después de esta pequeña gran aventura.
¡Ah, y para finalizar, los niños han plasmado sus sensaciones tras la actividad pintando libremente una lámina de una de las posturas: el perro boca abajo!
¿No os parece una mañana preciosa?
Ha sido una experiencia llena de movimiento, imaginación y calma, pero también un espacio para aprender a escuchar el propio cuerpo, concentrarse y relajarse.
A partir de ahora, esta actividad se realizará de forma regular con el grupo de 2 a 3 años, nuestros trotamundos más mayores, que ya tienen la madurez y la autonomía necesarias para disfrutar del yoga con intención, atención y mucha imaginación. Estamos seguras de que esta práctica les ayudará a cultivar la calma interior, la coordinación y la conexión consigo mismos y con el grupo.
Seguimos creciendo y aprendiendo juntos.





