
¿Quién es ése que yo veo?
El fascinante descubrimiento de sí mismo.
Reconocerse el niño a sí mismo es un proceso muy complejo. En realidad, el niño comienza a darse cuenta de que es un ser individual y diferente de las personas de su alrededor, especialmente de su madre, alrededor de los 18 o 20 meses.
La escolarización les ayuda a intuir que él es como los otros iguales, porque la empatía en el ser humano es algo innato. ¿Habéis observado alguna vez pequeños entre 8 y 10 meses delante de un espejo muriéndose de risa con el niño que ven en ese espejo, ignorando que son ellos mismos? Es una experiencia increíblemente maravillosa.
¿Alguna vez te has preguntado cómo se siente un bebé al verse por primera vez en un espejo?
Es un momento mágico y crucial en su desarrollo, un hito que marca el inicio de su construcción identitaria.
Durante los primeros meses, hay una primera fase en el proceso de desarrollo en la que empieza a mover brazos y piernas, se lleva la mano a la boca, voltea, agarra juguetes, repta, gatea, reconoce su nombre y mira hacia donde le llaman. Toda esta información que el niño va recogiendo a lo largo del primer año de vida va perfilando, de alguna manera, su conciencia, culminando en el hito de la identificación de una imagen que es él aunque de momento lo desconozca.
El «Yo» frente al espejo. ¿Ese niño que veo en el espejo soy yo?
A partir de los 12 meses no sólo observará a esa figura que tiene enfrente sino que se irá dando cuenta de que se mueve, se gira, hace muecas, se ríe… Se fijará en que esa persona va vestida igual que él e intentará tocar su ropa y luego la suya, se pondrá de pie y la figura del espejo también, lo chupará y coincidirá con el lugar donde chupa el otro niño… esto es, se irá dando cuenta de forma progresiva de la sincronización de los movimientos. Es en ese momento donde empieza a sospechar que ese niño del espejo es él.
Los psicólogos llaman a este hito el «Estadio del espejo». Es en este momento cuando, al verse en un reflejo, comienzan a comprender que la imagen que ven es la suya propia. ¡Un descubrimiento que les llena de asombro y curiosidad!
¿Por qué es tan importante este momento?
Porque forma parte de la construcción de la identidad: reconocerse a sí mismo es el primer paso para construir un sentido de identidad.
El niño empieza a comprender que es una persona única y separada del resto. Al verse y reconocerse, desarrolla una imagen positiva de sí mismo, lo que fomenta su autoestima y confianza.
Este descubrimiento también influye en la forma en la que se relaciona con los demás. Comienza a entender que los otros también son individuos con sus propias características y sentimientos.
Cuando un niño se reconoce en el espejo, también se reconocerá en fotografías o en un vídeo porque ya tiene conciencia de su identidad.
¿Jugamos con un espejo?


