
Menos “hacer cosas” y más “jugar a nada”
Hoy, 11 de junio, se celebra el Día Internacional del Juego.
Podríamos escribir párrafos larguísimos sobre los beneficios psicomotrices, cognitivos y sociales del juego en la primera infancia (que los tiene, y muchos). Pero hoy no queremos ponernos teóricos. Hoy queremos haceros una confesión: nos tienen envidia.
Nos tienen envidia porque muchos adultos han olvidado cómo se juega. Han cambiado los castillos de arena por las hojas de cálculo y el escondite por las reuniones de trabajo. Han olvidado la absoluta genialidad de transformar una simple caja de cartón en un cohete espacial de última generación.
Por eso, en este Día del Juego, disfrutamos aún más de lo felices que nos sentimos de “poder jugar todos los días”, porque en la escuela no solo juegan los niños: jugamos todos los adultos que trabajamos con ellos. Y sí, también trabajamos… entre hojas de cálculo, reuniones de programación, propuestas de mejora y búsqueda de soluciones.
¡Familias Delphos, hoy os retamos a jugar!
Guía rápida de juego para adultos (impartida por nuestros alumnos)
Para que podáis celebrar este día en casa, los peques nos han soplado las “reglas oficiales” que los adultos debéis seguir hoy al recogerlos de la escuela:
- Regla 1: Prohibido mirar el reloj. El juego de verdad no tiene horarios ni alarmas.
- Regla 2: El suelo es el nuevo sofá. Sí, da pereza, pero las mejores cosas de la vida ocurren a ras de suelo. Tiraos con ellos.
- Regla 3: El juguete no importa. Un calcetín desparejado puede ser una marioneta; una sábana y dos sillas, una cabaña secreta. Dejad que su imaginación dirija el juego.
- Regla 4: No corrijas. Si vuestro hijo dice que el elefante vuela y es de color verde brillante… es que los elefantes vuelan y son verdes. ¡Punto!
¿Qué hemos hecho hoy en la escuela?
Aunque parezca mentira, hemos hecho lo mismo que todos los días, porque nuestra rutina es siempre “tiempo de jugar”. En nuestra escuela, los maestros somos adultos que acompañan, cuidan y juegan con nuestros pequeños trotamundos. Lo habitual es que nosotros proponemos, y ellos dirigen su propia aventura de juego.
El juego no es el premio por portarse bien; es su forma de respirar y de entender el mundo.
Hoy, cuando recojáis a vuestro Trotamundos, sea la hora que sea, os proponemos un trato: dejad las prisas en la puerta… y jugad.




