
¡Manos limpias!
Los buenos hábitos, aunque también los malos, se aprenden y fortalecen desde la infancia. Una acción aparentemente sencilla, como lavarse las manos, puede quedar grabada en la memoria de los niños si se practica con constancia y de manera diaria. Todos sabemos que esta costumbre es una de las formas más efectivas de prevenir enfermedades, resfriados y la propagación de los “bichitos”.
En la escuela, los niños juegan, pintan, exploran y tocan infinidad de cosas. Por eso, el lavado de manos con agua y jabón se convierte en un hábito cotidiano y, además, en una actividad divertida. Les encanta ver cómo se forma la espuma, cómo corre el agua entre sus dedos y cómo aprenden a coordinar sus movimientos mientras se limpian las manos una frente a otra.
El uso del jabón es fundamental, ya que actúa como un escudo protector. Tener las manos limpias no solo nos cuida a nosotros mismos, sino también a los demás, porque mantener la higiene es una forma de proteger a toda la comunidad.
Incorporar este hábito desde pequeños significa convertirlo en una rutina: lavarse las manos antes de comer, después de jugar y tras ir al baño. Es una valiosa lección de salud que les acompañará toda la vida.
En la escuela reforzamos este aprendizaje con canciones tan divertidas como esta de Elmo en Barrio Sésamo, “A lavarse las manos”:
Nosotros hemos colocado un póster en el baño, justo encima de los lavabos, titulado “La aventura de lavarse las manos: lava tus manos como si te fueras de excursión”. En él, cada dibujo representa un movimiento específico del lavado de manos, que ya hemos explicado previamente a los niños:
Ambas propuestas tienen una clara función didáctica y resultan muy entretenidas para los niños.
En conclusión, recordemos que unas manos limpias son, probablemente, la mejor herramienta para mantenernos sanos y fuertes, ya que ayudan a prevenir numerosas infecciones.




