
¿Existe la amistad en la primera infancia?
“Queremos escolarizar a nuestro hijo para que se relacione y aprenda a compartir con otros niños”.
Cuando las familias que visitan por primera vez el centro nos manifiestan este deseo siempre les respondemos lo mismo: “La sociabilidad es un proceso que dura al menos cinco años”.
Etapas en el proceso de socialización:
- El primer año de vida el niño siente interés por el otro pequeño que tiene cerca. Entre sus juegos favoritos están mirarle, desplazarse para tocarle, meterle, si puede, sus dedos en la boca, en las orejas e, incluso, en las narices. Cualquier agujero es bueno para descubrir y explorar intensamente a ese juguete que es otra persona.
- El segundo año de vida los pequeños descubren que existen otros que son como ellos y aceptan su compañía. Disfrutan repitiendo lo que el otro hace o imitando lo que dice. A esto se le denomina “juego en paralelo”. Parece que juegan, pero realmente se disfrutan mutuamente y se lo pasan bien.
- El tercer año de vida comienza lo que se llama el juego asociativo. Aunque aún no juegan juntos, al adulto le sigue pareciendo que sí. Los niños observan el juego del otro y captan ideas para trasladarlas después a su juego personal.
- El cuarto año de vida es cuando aparece la fase del juego social. El pequeño aprende a cooperar, a esperar su turno y se inicia en el respeto de las reglas del juego.
- A los cinco años, el niño ya es un ser social en todos los aspectos: tiene sus amigos, juegan juntos, tienen sus secretos, comparten la casa del uno y del otro e, incluso, empiezan a quedarse a dormir en casa del amigo.
Características durante el primer año de vida.
El egocentrismo es una característica del ser humano en los primeros años de vida pero es cierto que los niños disfrutan estando con niños, y en cada etapa evolutiva disfrutan del otro de una forma diferente pero muy atractiva.
Los bebés interaccionan entre ellos a partir del octavo mes (incluso un poco antes): se tocan, se miran y se sonríen, realizan sonidos y se imitan, y cuando llegan a los 10 meses se establece entre ellos un juego realmente interesante porque se ríen, se retan, se persiguen, en definitiva, se buscan y se encuentran.
En los bebés se observa que siempre hay preferencias: hay unos bebés que me encantan pero otros no me gustan tanto, por lo que la compañía de los otros bebés tiene un enorme valor emocional para los que comparten espacio.
A lo largo del primer año, los niños aún no consideran al otro como un ser diferente a él. El otro sigue siendo un juguete realmente interesante y atractivo que se mueve, llora, se ríe, duerme, habla y tiene su propio olor característico.
Características durante el segundo año de vida.
Entre los 12 y 20 meses, aproximadamente, ocurren enfrentamientos entre los niños que disgustan a las educadoras ni a las familias, pero es normal que se arañen, se tiren del pelo, se muerdan, se metan los dedos en los ojos o cualquier otro agujero a la vista en el cuerpo. Es el afán por descubrir. Para evitar estos percances, lo que todos debemos hacer es estar muy atentos, pero no por eso se van a librar totalmente, porque son rapidísimos en la acción y no se llega a tiempo.
Muchas veces sabemos que nuestro hijo muerde, pega o araña, así que decidimos que, para evitar problemas, no le vamos a llevar al parque. Sin embargo, la decisión es errónea, porque al niño no le podemos privar de mantener las relaciones sociales a su manera y sólo hay que estar muy atentos para evitar conflictos con otras familias.
La relación con otros pequeños desde el inicio es el principio de la socialización y de la amistad, se van sentando las bases del desarrollo social y emocional de la persona.
También en esta etapa el niño es más independiente y autónomo. Se invitan mutuamente a hacer cosas juntos, subir a un tobogán, saltar en las camas elásticas, pero también quieren el mismo columpio, discuten por un muñeco, coche o pelota… En definitiva, están fomentando el desarrollo del autoconcepto (“Yo estoy aquí”).
A partir de los 18 meses se descubren y son felices estando juntos: se ríen a gritos, corren, se tiran al suelo, comparten galleta o fruta. Tienen una energía agotadora para el adulto: no paran.
En esta edad, la repetición es el elemento más interesante del juego, además de la imitación propiamente dicha. Cuando se observa este juego vemos que se copian constantemente, lo que hace uno el otro lo repite y es un juego realmente interesante, porque el niño descubre habilidades que el otro le enseña y las desarrolla, porque se siente incitado a repetirlo o al menos lo intenta.
¿Qué ocurre cuando se cansan de correr? Cada uno de ellos se dirige a una determinada actividad y, aunque se encuentren uno al lado del otro, en ningún caso están jugando juntos, juegan pero en compañía (juego paralelo). Esto es importante tenerlo en cuenta.
Los niños se pelean en esta edad porque aún no se ven como seres independientes y con sentimientos propios. Están en plena fase del descubrimiento del yo (egocentrismo) y no se han parado a descubrir a los demás pues ya tienen bastante con descubrirse a sí mismos.
Las peleas que presenciamos en el aula y fuera de ella y la falta de generosidad son parte de su proceso evolutivo normal. No nos podemos escandalizar porque un niño de esta edad pegue, muerda, arañe o no quiera compartir su juguete.
El niño estará preparado para compartir cuando sea dueño de sí mismo y de sus cosas y aún tardará, por lo menos, unos cuatro años en lograrlo aunque progresivamente será más consciente e irá cediendo, pero no lo podemos imponer porque el niño aún no lo entiende.
Características a partir de los 2 años.
Entre los 2 y los 3 años lo que ocurre es que se relacionan con todos y con ninguno, cambian continuamente de amiguitos. Aquí juega un papel importante el proceso evolutivo. Ante las diferencias en el desarrollo, el niño se decantará por esos niños que están más a su nivel.
El juego simbólico es la estrella. Juegan a familias, tiendas, construcciones, leen cuentos. Se pelean, por ejemplo, por ser los dos el papá o la mamá, por llevar el carro, por tener la fregona…
En esta edad, el desarrollo del lenguaje en algunos casos ya es muy bueno, lo que les ayuda en sus relaciones personales con los iguales y con los adultos de referencia, a los que se quejan y piden ayuda cuando creen que no pueden resolver ellos el conflicto.
Sus juguetes forman parte de su persona y les proporcionan seguridad y estabilidad. A a veces al quitárselos, por el motivo que sea, producimos una catarsis difícil de comprender por el adulto, porque el niño entrará en una frustración de la que le costará salir porque aún no sabe gestionarla. “Es mío”, una palabra mágica que no tiene carácter negativo y que lo único que demuestra es que el pequeño se está descubriendo a sí mismo.
Pasar del estado egocéntrico al estado social es un paso de madurez en la persona y sólo queda tener paciencia y recibir este momento con mucha alegría: se acaba de superar otra etapa crucial en el desarrollo de la persona.


