
En Navidad y siempre… ¡pantallas cero!
Con la llegada de las vacaciones navideñas, los días en casa aumentan y con ellos la tentación de recurrir a las pantallas. Por eso, desde la escuela queremos recordar una recomendación esencial para el bienestar de nuestros pequeños trotamundos: evitar el uso de pantallas.
¿Cómo lograrlo? Estrategias prácticas y positivas
Sabemos que no siempre es fácil, por eso compartimos ideas sencillas para ofrecer alternativas reales y mantener el propósito de “pantallas cero” durante estas fiestas… y más allá.
Sustituir la pantalla por conexión real
La mejor alternativa a las pantallas siempre será el vínculo afectivo y la interacción directa. Jugar juntos, acompañar su juego, observar cómo nos incluyen y enriquecer la experiencia nombrando objetos o comentando lo que hacen favorece enormemente su desarrollo del lenguaje.
¿Dónde jugar? Allí donde el niño lo decida: en el suelo, en su mesa bajita, en un sillón con un cuento… Lo importante es seguir su iniciativa.
La música, una gran aliada
Tener música sonando de fondo ayuda a evitar la televisión. Mientras juegan, los niños marcan ritmos con su cuerpo, se mueven, experimentan con su voz… ¡a veces incluso intentan cantar! A nosotros, la radio nos parece especialmente interesante porque introduce variedad: canciones, anuncios, voces diferentes e, incluso, los breves boletines informativos cuando llegan las horas “en punto”.
¿Y cuando necesitamos hacer otras tareas?
Es normal que no podamos estar disponibles todo el tiempo. En esos momentos, podemos llevar al niño con nosotros y ofrecerle objetos cotidianos que despierten su curiosidad: una cacerola, una camiseta, pinzas de la ropa… Lo importante es mantenerlo ocupado con propuestas seguras y estimulantes que estimulen diferentes áreas de desarrollo sin recurrir a pantallas.
Preparar “la casa por rincones”
Organizar espacios con diferentes propuestas permite que los niños roten libremente entre actividades mientras nosotros realizamos otras tareas. Algunas ideas:
- Rincón sensorial: sobre un hule, colocar materiales para tocar y manipular: plastilina, arcilla, arena kinésica, masas de sal, papel para arrugar, cucharas, tazas, juguetes para trasvasar…
- Materiales de libre creación: papel continuo o folios, revistas, periódicos, hueveras o cajas de cartón, pinturas de dedos o ceras gruesas.
- Juego simbólico: una cocinita, cajas, recipientes… Les encanta meter, sacar, clasificar e imitar tareas de la vida cotidiana.
- Rincón de trabajo personal: una mesa bajita con su silla para dibujar, “escribir”, clasificar objetos… Para ellos, jugar es su trabajo.
¿Y si los adultos queremos ver nuestra televisión?
Este es uno de los mayores retos y requiere generosidad por parte del adulto. Una posible estrategia es esperar a que el niño esté profundamente dormido.
¿Y dejar la televisión encendida como “sonido de fondo”? No es recomendable. La luz, el ruido y el ritmo de las imágenes distraen al niño e interrumpen su juego, aunque no la esté mirando directamente.
En la mesa, pantalla fuera
La comida es momento de comer. Si hace falta entretenerlos, siempre hay alternativas creativas antes que recurrir a una pantalla.
Fomentar el juego autónomo
Si el niño se acostumbra a jugar de forma autónoma mientras el adulto está cerca (pero sin intervenir), los momentos de “tiempo tranquilo” surgen de manera natural.
Incorporarlos a las tareas del hogar
Las fiestas ofrecen oportunidades maravillosas: poner la mesa, llevar la ropa a la lavadora, regar plantas, barrer, ponerse los calcetines… Estas actividades les encantan porque les hacen sentir parte de algo importante.
Más allá de casa
Y por supuesto, después del tiempo en casa… ¡toca salir! Un paseo, el parque, o simplemente observar las luces de Navidad del barrio es un plan perfecto para un pequeño explorador.
En resumen: no se trata de “quitar pantallas”, sino de llenar el día de alternativas ricas, variadas y estimulantes que promuevan la conexión, el juego real y la curiosidad. Todo ello contribuye a construir un cerebro sano, activo y feliz.





