
El Estoicismo moderno en el aula y en casa
Vivimos en una época en la que prestamos una atención cada vez mayor al mundo emocional de los niños, y esto supone un gran avance. Escuchar sus sentimientos, acompañarlos y ayudarles a expresarlos es una parte esencial de la educación. Sin embargo, educar no consiste únicamente en validar las emociones, sino también en enseñar a gestionarlas y a desarrollar las herramientas necesarias para afrontar las dificultades de la vida.
En ocasiones, la educación actual pone un gran énfasis en la expresión emocional, pero el reto consiste en equilibrarla con el desarrollo del autocontrol y la responsabilidad. Si la Pedagogía del Esfuerzo nos enseña que las cosas cuestan, el Estoicismo nos enseña a no desmoronarnos cuando, a pesar de ese esfuerzo, las cosas no salen como queremos.
La validación emocional es importante, pero también lo es enseñar a gestionar la frustración y afrontar las dificultades. Enseñar estoicismo no es enseñar a «no sentir», sino a gobernarse uno mismo sobre lo que siente para que las emociones no nublen la razón.
La base del estoicismo es aprender a trazar una línea clara entre lo que está bajo nuestro control y lo que no, lo cual no quiere decir que haya que ignorar las emociones, sino reconocerlas y comprenderlas sin actuar impulsivamente. En este sentido, impulsa a desarrollar la virtud del autocontrol.
Actualmente, resultan habituales situaciones como permitir una pataleta del niño porque hemos decidido no ir al parque a causa de la lluvia o intervenir ante un profesor por haber regañado a mi hijo “injustamente”. Son situaciones en las que el adulto intenta controlar el mundo que rodea al niño para que “no sufra”.
Desde un enfoque educativo estoico, lo importante es transmitir al niño que la verdadera madurez es poner el cien por cien de la energía en lo que sí depende de nosotros (la actitud ante la lluvia o aceptar las indicaciones del profesor). Esto es, aceptar con serenidad las cosas, se compartan o no.
Así mismo, hay una tendencia a evitar todo tipo de “incomodidades” a los hijos: “que no pase frío”, “que no se aburra” o “que no se canse”. Este afán por allanar el camino es un error pedagógico grave. El carácter se educa y solo crece ante la resistencia.
Debemos permitir que los niños transiten por el camino difícil de vez en cuando. La comodidad excesiva es el anestésico que atrofia la resiliencia: Quien no sabe gestionar una pequeña incomodidad hoy (como terminar una tarea aburrida o aceptar un «no»), será un adulto que colapse ante cualquier crisis real mañana.
El estoicismo no se sitúa en contra del mundo emocional, simplemente puntualiza: la emoción es real y siempre merece ser escuchada, pero la interpretación de la situación puede necesitar ayuda y perspectiva. Por referirnos al ejemplo anterior, que el niño sienta que la corrección del profesor es “injusta” no significa que lo sea.
Porque la crianza de un niño no consiste en evitarle disgustos, sino educarles para reconocer sus sentimientos y analizarlos. Si evitamos todas las piedras del camino, estamos robando la oportunidad de aprender a caminar. En ese camino los niños necesitan sentirse comprendidos y acompañados emocionalmente, pero también aprender a tolerar la frustración, afrontar las dificultades y descubrir que poseen recursos para superarlas.
Las emociones forman parte de nosotros, pero podemos aprender a responder a ellas con serenidad, reflexión y responsabilidad.






