
Día Internacional de la Cometa: ¡Volamos muy muy alto!
La cometa: una metáfora del desarrollo infantil
En la escuela siempre nos preguntamos qué posibilidades educativas ofrece cada objeto que incorporamos a nuestras experiencias, y esta vez fue el turno de la cometa. Al observarla y analizarla con calma, descubrimos cuántos caminos nos abre para reflexionar sobre el desarrollo infantil.
El control del «hilo»
Uno de los elementos clave de la cometa es el hilo, fundamental para controlarla. El hilo hay que soltarlo poco a poco: si lo retenemos demasiado, la cometa no puede elevarse; pero si lo liberamos sin cuidado, puede escaparse.
Ese hilo somos los adultos que rodeamos al niño: familia, educadores y comunidad. Somos quienes sostenemos con amor, cuidado y seguridad, pero también quienes debemos aprender a dar “hilo” para que crezcan. Soltar hilo significa permitir que los niños asuman responsabilidades, prueben cosas nuevas, se equivoquen, se caigan, se levanten, rectifiquen y sigan intentando. Ese hilo no se corta: está siempre ahí para ofrecer apoyo, referencia y un apego seguro.
La necesidad del «viento»
Pero una cometa hermosa en el suelo no cumple su propósito. Para volar necesita del viento, que en esta metáfora representa las oportunidades de aprendizaje que brindamos a los niños. Y para que ese viento la impulse, primero hace falta una carrera inicial, similar al esfuerzo y trabajo constante necesarios para despegar.
A veces el viento no es el esperado. Hay días de viento suave, que requieren más esfuerzo pero luego permiten volar con calma; y días de ráfagas fuertes, que elevan sin dificultad pero obligan a sujetar con firmeza para evitar que la cometa se escape. En la vida de un niño también hay días fáciles y días difíciles.
La importancia de la «estructura interna»
Lo importante es que la cometa tenga una buena estructura interna, que simboliza los valores. Con una estructura sólida, el viento, el esfuerzo y el apoyo del hilo se aprovechan mucho mejor, permitiendo que la cometa suba cada vez más alto.
Nuestro deseo es que nuestras cometas —nuestros pequeños trotamundos— no sólo vuelen, sino que vuelen muy alto, tanto como sus habilidades y capacidades les permitan, para mirar el mundo desde arriba y alcanzar su máximo potencial.
El hilo que sostiene la cometa —esa ayuda ordenada que proviene de la familia, la escuela, las normas, los límites, el respeto, las habilidades sociales y el cariño— permite que los niños crezcan con seguridad, fortaleza, empatía, comprensión y ganas de aprender y superarse. Cada día volarán un poco más alto y, si el viento los hace caer, podrán levantarse y volver a intentarlo.




