
Día del Beso
Besos voladores
Un conejito llamado Tomás vivía en una pradera llena de flores.
Tomás se despertó con un cosquilleo en la nariz y cuando se miró en el espejo, ¡vio que tenía un beso volador flotando sobre su cabeza!
Tomás nunca había visto un beso volador antes.
El beso era brillante y de muchos colores y, como una mariposa, volaba muy rápido, así que Tomás no podía alcanzarle.
Al correr detrás del beso volador vio que por encima de las flores había más y más besos voladores, todos diferentes, que daban muchos besos a las flores, a los pájaros, a las ardillas… De repente, ¡vinieron a por él!
Le daban tantos besos que le hacían muchas cosquillas. El conejito no podía parar de reírse, le dolía la barriguita de reírse tanto. Tomás oyó a lo lejos la voz de su mamá que le decía:
«Tomás, despierta, ¡Feliz día del beso!».
Tomás abrazó a su mamá muy fuerte. Todo había sido un sueño precioso en el que había montones de besos voladores. Esos besos tan divertidos eran los de su mamá, que le había llenado de muchos de ellos mientras dormía.
Para Tomás, el sueño del Día del Beso fue el mejor sueño que tuvo ese año.


