
Día de la Madre (3): La coherencia como base de la seguridad infantil
Hoy hemos recibido en la escuela al grupo de mamás de los mayores, los nacidos en 2023, dentro de nuestra celebración del Día de la Madre. Ha sido un día muy especial en el que hemos comenzado poniéndonos accesorios hawaianos y decorándonos la cara, ¡y hemos terminado viajando hasta el espacio! Entre juegos, risas y momentos compartidos, también hemos podido reflexionar sobre el papel tan importante que desempeñan las madres en el desarrollo emocional y afectivo de sus hijos.
Querida mamá: Más allá de los momentos excepcionales, el mayor bienestar para un niño se encuentra en la estabilidad del día a día. La coherencia y la predictibilidad aportan una base emocional segura sobre la que el niño puede crecer y desarrollarse.
No se trata de ser una madre perfecta —eso sería imposible—, sino de ser una figura predecible y estable. Cuando una madre mantiene coherencia en sus reacciones, en sus normas y en sus valores, el niño no necesita gastar energía intentando adivinar cómo estará ella hoy. En cambio, puede dedicar toda esa energía a explorar, jugar, aprender y descubrir el mundo que le rodea.
La coherencia, entendida como la constancia en la manera de actuar ante las situaciones cotidianas, permite al niño construir una estructura mental ordenada. Saber qué puede esperar de su figura principal de referencia le ofrece la seguridad de un entorno estable y confiable.
Esta predictibilidad no implica rigidez, sino estabilidad emocional. Es una brújula que orienta al niño y le permite sentirse protegido. Cuando el entorno es coherente, el menor no necesita estar pendiente del estado emocional de los adultos para sentirse seguro; esa tranquilidad le permite centrarse plenamente en su propio desarrollo.
La coherencia también se refleja en la alineación entre lo que se dice y lo que se hace. Una madre que actúa con integridad ofrece un modelo sólido y fiable. A través de la observación diaria, el niño interioriza normas y límites de manera natural, no desde el autoritarismo, sino desde la confianza que genera una presencia estable.
Asimismo, esta virtud incluye la capacidad de afrontar los cambios y los imprevistos con serenidad. El niño aprende, a través de su madre, una forma saludable de gestionar el estrés y adaptarse a las dificultades. El hogar se convierte así en un espacio donde las reglas del juego son claras, constantes y respetuosas.
En definitiva, la constancia y la integridad de una madre son algunos de los pilares sobre los que se construye la confianza del niño en el mundo. Ser una presencia estable y predecible es una de las formas más profundas de cuidado, porque permite al menor crecer con la seguridad de que su base emocional es sólida y resistente.
Mamá, ¡te quiero mucho!




