
Cuando las palabras no se entienden: dificultades de articulación en niños de 2 a 3 años
Entre los 2 y 3 años los niños se encuentran en una etapa clave del desarrollo del lenguaje. Durante este período comienzan a pronunciar palabras completas y a combinar distintos sonidos. Es una fase de exploración y ensayo en la que es normal que algunas palabras no se pronuncien correctamente. Sin embargo, cuando los sonidos no se articulan bien y el habla resulta difícil de entender, puede aparecer frustración tanto en el niño como en las personas de su entorno.
A esta edad es habitual que aparezcan algunos errores de pronunciación que forman parte del proceso natural de aprendizaje del lenguaje. Por ejemplo:
- Sustitución de sonidos: decir “tete” en lugar de “leche”.
- Omisión de sonidos finales: decir “ca” en lugar de “casa”.
- Simplificación de grupos de consonantes: decir “pato” en lugar de “plato”.
En muchos casos algunas palabras pueden resultar difíciles de comprender, aunque lo habitual es que los adultos cercanos al niño logren entender la mayor parte de lo que dice.
Conviene prestar atención y observar con mayor detenimiento la articulación cuando la mayoría de lo que expresa el niño no se entiende, incluso para personas que lo conocen bien. También es recomendable estar atentos si durante varios meses apenas se aprecia evolución en su pronunciación, si el niño evita intentar ciertos sonidos o palabras, o si estas dificultades le generan frustración, aislamiento o rechazo a comunicarse.
Para estimular la articulación y la comprensión existen estrategias sencillas que pueden aplicarse en casa si se considera necesario reforzar este aspecto del lenguaje. Algunas de ellas son: jugar con sonidos, rimas y canciones; leer cuentos en voz alta señalando las imágenes y, cuando las haya, las palabras escritas; imitar sonidos de animales u objetos; modelar la pronunciación de forma clara y repetir correctamente la palabra cuando el niño la diga mal para que pueda escucharla bien; fomentar la comunicación cotidiana con un lenguaje claro y comprensible; y animar al niño a esforzarse por hacerse entender, evitando anticiparse siempre a lo que quiere decir.
Detectar a tiempo las dificultades para que otros entiendan al niño permite realizar intervenciones sencillas y eficaces. En algunos casos puede ser recomendable consultar con un logopeda o especialista en lenguaje, que pueda acompañar el desarrollo del lenguaje expresivo y la comunicación.
En nuestra escuela infantil trabajamos siguiendo criterios pedagógicos claros: observamos el lenguaje de cada niño de forma individual, proponemos actividades que estimulan la pronunciación y la comprensión, y mantenemos a las familias informadas de la evolución.
Nuestro objetivo es favorecer el desarrollo del lenguaje de manera respetuosa, adaptándonos al ritmo de cada niño y ofreciendo apoyo y orientación cuando lo necesita.
Los fallos de articulación son habituales en esta etapa. No obstante, cuando las palabras resultan difíciles de entender, la observación temprana y la intervención educativa adecuada pueden marcar una gran diferencia en el desarrollo del lenguaje y en la comunicación del niño.
Ante cualquier duda, es preferible consultar y actuar a tiempo. Como dice el refrán, “la práctica hace al maestro”: cuanto antes se corrijan los hábitos de pronunciación inadecuados, más fácil será ayudar al niño a mejorar su forma de hablar.





