
Provocaciones Sensoriales en Septiembre
Teniendo en cuenta la importancia de la integración sensorial en estas primeras etapas del niño, esta semana hemos explorado el mundo a través de los sentidos con tres actividades muy divertidas e interesantes para ellos. A continuación, os contamos brevemente lo que hemos hecho y los beneficios que conlleva.
Cesto de los tesoros (bebés)
Los más pequeños disfrutaron explorando un cesto de los tesoros: una cesta repleta de objetos cotidianos con diferentes texturas, olores y formas. Entre ellos había cucharas de metal, esponjas, trozos de madera, cepillos con cerdas de distinta dureza, lijas de varios grosores, estropajos de diferentes tipos, bayetas de algodón y de microfibra, entre otros materiales.
El propósito de esta propuesta es ofrecer a los bebés, que se encuentran en una etapa oral y manipulativa, la posibilidad de explorar de manera segura con las manos y la boca. A través de esta experiencia, se estimula su curiosidad natural, se favorece la discriminación de texturas y se potencia la coordinación entre lo que ven y lo que tocan.
Bolsas sensoriales (1 a 2 años)
Los niños de esta etapa disfrutaron explorando bolsas sensoriales: bolsas de plástico selladas que contenían materiales variados como arroz, lentejas, gel, purpurina hidrosoluble, tapones, lentejuelas, cáscaras de frutos secos, aceite para bebés o flores de tela, entre otros.
Al manipularlas, los pequeños experimentan con distintas texturas y sensaciones sin ensuciarse. Además de resultar una actividad relajante, favorece el desarrollo de la motricidad fina y la coordinación ojo-mano, competencias fundamentales para aprendizajes futuros como la escritura o el uso autónomo de cordones y botones.
Huerto sensorial (2 a 3 años)
Los mayores se transformaron en pequeños granjeros gracias a nuestro huerto sensorial. En una de las jornadas exploraron frutas y verduras reales —como peras, manzanas o pimientos— que pudieron tocar, oler e incluso probar. En otra ocasión experimentaron con piedras, conchas y animales marinos, y en un tercer momento jugaron con hortalizas impresas y de juguete que podían “plantar” ellos mismos.
Con esta propuesta tuvieron la oportunidad de acercarse a la naturaleza, descubrir de dónde provienen los alimentos y familiarizarse con sus formas y colores de manera vivencial. La actividad no solo enriquece su vocabulario y despierta la curiosidad, sino que también fomenta una relación positiva con los alimentos saludables.
Nosotros seguiremos disfrutando y aprendiendo con estas experiencias en el aula, pero os animamos a practicarlas también en casa. No requieren materiales complicados, basta con objetos cotidianos y un poco de tiempo compartido. Al hacerlo, no solo les daréis la oportunidad de experimentar y crecer, sino que además ganaréis momentos de calma para vosotros: ¡incluso podréis aprovechar para leer un rato!





