
¡Vamos andando a la escuelita Delphos!
Hemos oído en multitud de ocasiones que andar es probablemente el mejor ejercicio que podemos hacer. Es aeróbico, implica coordinación de todo el cuerpo y, como normalmente la respiración no se encuentra forzada, se puede charlar y disfrutar del entorno.
Hoy se celebra el día en el que nos recuerdan la importancia de que nuestros pequeños se acostumbren a andar y no a la comodidad de ir sentado en el carro. ¿Por qué no nos esforzamos todos para que nuestros hijos acaben rechazando el carrito?
El desarrollo físico de los más pequeños es algo crucial en la vida del niño. Andar les ayuda a fortalecer los músculos de las piernas, mejora el equilibrio y la coordinación, además de que el peso del niño se sitúa sobre sus pies y estimula directamente el crecimiento de los huesos.
Cuando el niño empieza a andar, se siente independiente, por lo que generalmente aceptan de muy buen grado ir andando a todos los sitios. Eso sí, ¡sal con tiempo!, porque explorará tanto el entorno que el que va a acabar cansado eres tú.
Caminar favorece el desarrollo cognitivo del niño porque se ponen en modo de atención, ven escaleras que tienen que subir o bajar, obstáculos que esquivar y cosas muy interesantes que curiosear, lo que estimulará aún más su curiosidad y, por supuesto, su capacidad de observación.
Durante la caminata pueden ir charlando o haciendo ruiditos, lo que va a favorecer también el desarrollo del lenguaje. Ir andando por sí mismos también potencia su propio desarrollo emocional, ya que ir andando les va a generar confianza en sí mismos y, además, al permitirles que se muevan a su propio ritmo, experimentarán menos frustraciones.
Al ver diferentes personas en su camino, se fijarán en ellas, e incluso será probable que interaccionen con ellas, por lo que estaremos promoviendo un desarrollo social muy positivo fuera de su entorno seguro, lo que le ayudará a ir mejorando las habilidades sociales.
Un paseíto por la tarde va a beneficiar la calidad del sueño porque el cansancio físico favorecerá que el descanso en el niño sea profundo y reparador.
Cuando vayamos a andar con el niño, es importante anticipar el plan, por ejemplo, avisarle de que vamos a ir andando a la escuela, al parque, a casa de los abuelos o a dar un paseo. También conviene irle avisando de ciertas normas, como, por ejemplo, “Cuando crucemos las calles me das la manita”.
Andar fomenta la autonomía del niño, un factor crucial en su desarrollo global.
¿Nos proponemos ir andando por la calle con nuestro pequeño Trotramundo?



