
¿Poner límites? Sí (Parte 2)
Como ya os decíamos en la primera entrega sobre el tema de la necesidad de poner límites a la hora de educar a los hijos, algunos de los estilos de educación más habituales pueden resultar muy complicados para la vida social y familiar.
Sigamos con otras situaciones.
¡Siempre protesta por todo y me resulta agotador!
Los niños entre los 18 meses y los tres años necesitan afianzar su personalidad. Si durante ese período los niños se encuentran escolarizados, se les plantean dos escenarios educativos: la casa y la escuela. Es la fase del desarrollo del “yo”.
Afianzar su personalidad implica pasar por una fase de oposición, especialmente a la madre, que es la persona más importante para el pequeño en este momento evolutivo. “Me importas mucho, pero te fastidio”.
A simple vista, lo que parece es que ese acto de rebeldía va dirigido contra la persona que más quiere, pero no es así, es su manera de descubrir su propia personalidad.
¿Cómo se debe proceder?
Evitaremos hacer preguntas cuyas respuestas pueda ser un “no”. Ponemos un ejemplo sencillo: en lugar de decir “¿Nos vamos a la escuela?”, plantéalo así: “Ahora vamos a ir a la escuela, ¡a ver quién se pone antes los zapatos!”.
Paciencia, virtud clave. Si al niño se le da tiempo, acabará colaborando y el estrés será infinitamente menor.
El niño necesita saber hasta dónde puede llegar, así que mide perfectamente a los padres. En el fondo le gusta que se le impongan límites, pero te reta y tú sufres. Por ejemplo, cuando le llevas en brazos a la bañera gritando porque no quiere ir al agua, de alguna manera el niño percibe que le quieres y es importante para ti, así que la forma en la que gestiones esos gritos hará que mejore tu actitud hacia el comportamiento “imposible” del pequeño sabio.
Una de cal y otra de arena, dice el refrán. Si cuando el niño te pide ir al parque, pero no puedes porque estás terminando de planchar, dile, “Claro, termino esto rápido y nos vamos al parque un ratito”. Con este comportamiento del adulto moldeamos poco a poco los comportamientos no adecuados del pequeño.
Además, cuando el niño te pide las cosas de una manera normal, sin exigir, sin gritos y sin llantos, es el momento ideal para ceder y dejar lo que estás haciendo rápidamente: el niño se percatará de que cuando pide las cosas de esa manera, se le hace caso.
Los niños con carácter fuerte son difíciles de convencer debido a ese temperamento duro y cerrado, así que, cuando se les dauna pequeña orden, ya se ponen a la defensiva. Entonces ¿cómo se debe proceder? Empezar por tareas muy simples, sencillas y básicas y elogiarle de forma positiva para que vaya adquiriendo la seguridad de que lo hace y, además de hacerlo, lo hace bien. Al sentirse mejor consigo mismo, le costará menos obedecer y cumplir con sus tareas de forma progresiva.
¡Siempre hace lo contrario de lo que le digo, tengo muy poca autoridad!
Uno de los trabajos más importantes que tenemos los padres es conocer perfectamente a nuestros hijos, y una de las formas más eficaces de conseguirlo en los primeros años es a través de la observación.
El hecho de que se empeñen en hacer lo contrario de lo que tú quieres también tiene un trasfondo emocional en su proceso de desarrollo del “yo” y en su proceso de independencia.
Puede que tenga que ver con la ausencia tuya de casa por estar en el trabajo o la compra, o celos de un hermano, pero el caso es que es consciente de que de esa manera no dejas de estar pendiente de él ni un minuto.
Hay que averiguar cuál es el motivo más importante que le lleva a hacer justo lo contrario de lo que tú quieres conseguir (que se bañe, que se ponga el pijama, que coma…).
El niño sabe perfectamente que influye en su entorno, así que procura no enfadarte y trata de ver el lado divertido de esas trastadas que son tan agotadoras para el adulto.
- Para ayudar a resolver este problema hay que ser muy creativos. Sabes que te va a medir y va a hacer justo lo contrario de lo que le vas a pedir, así que dile tú lo que no quieres que haga y hará lo que quieres que haga: “No, no te pongas el pijama todavía”, “Hoy no vamos a ir a comprar el pan”, “Yo me voy a casa, tú puedes quedarte en el tobogán, ¡nos vemos en casa!
- Otra opción es llevar el problema al juego, no dar importancia a ese enfado en el que están diciendo “no” y distraerlo como si no te importara nada esa actitud.
- La tercera opción es demostrarle que te pasa desapercibido el enfado, ignorarle y esperar hasta que te reclame por la vía adecuada. Puede ocurrir que esto no te funcione y haya que buscar otra táctica, aunque hay que dejar un plazo considerable de 3 a 4 semanas: sacarle al pasillo o decirle, “Te vas a quedar en tu cuarto con la puerta abierta y vendrás con nosotros cuando yo te lo diga”.
Las rabietas.
Otro tema que nos preocupa mucho son las rabietas incontroladas en lugares públicos, porque es consciente de que ahí, en esos lugares, cedemos mucho más fácilmente porque nos da apuro la situación.
Si eres capaz de ignorar la rabieta en cualquier sitio, la reducción progresiva está garantizada porque el niño aprenderá que con esos comportamientos no gana, sólo pierde.
Nuestro consejo.
Cuando no sepáis cómo proceder, consultad a profesionales y que sean los que nos guíen: Psicólogo Clínico Infantil o Psicopedagogo especialista en Atención temprana, preferiblemente con formación Máster.
Continuará…


