
Lo que el mundo espera de ti y lo que tú necesitas de mí
Os dejamos a continuación una reflexión que haría perfectamente una madre o un padre redactada en forma de carta.
Querido hijo,
A veces me olvido de que tú no estás aquí para cumplir mis expectativas, sino para descubrir el mundo a tu ritmo. Aunque el mundo te exige rapidez, obediencia y resultados, tú solo necesitas tiempo, presencia y comprensión.
He caído en la trampa de medir tu valor con la regla de los adultos: “Que si te portas bien”, “Que si entiendes rápido lo que te digo”, “Que si ya deberías saberlo…”.
Pero tú no eres un proyecto ni una meta, eres una persona en construcción, y cada día estás aprendiendo a ser tú, no a ser lo que otros quieren que seas. Me doy cuenta de que no siempre necesitas respuestas, a veces sólo necesitas compañía y estar conmigo. Necesitas de mi tiempo y que te dedique tiempo.
Soy consciente que no necesitas que te enseñe todo, sólo que camine contigo mientras tú lo vas descubriendo, que te sirva de puente, de zona segura para que sigas explorando libremente.
Mi paciencia es virtud y, al mismo tiempo, tu derecho como hijo.
- Cada vez que te caes, me doy cuenta de que yo tengo demasiada prisa.
- Cada vez que dices “No lo entiendo”, me haces ver que yo también tengo mucho que aprender.
Educarte no es darte órdenes todo el tiempo, es ayudarte a entender el mundo sin quitarte la alegría ni las ganas de ser tú mismo. Debo fomentar tu seguridad y tu autoestima, pero también tengo que mostrarte esas cosas que no debes sobrepasar.
Soy consciente de que no estás aquí para encajar en mis sueños, en lo que yo “creía” que ibas a ser. Estás aquí para enseñarme quién eres de verdad, y así te acepto, te quiero y te respeto. Estoy aquí contigo para que cada día aumente mi amor hacia ti.
Te quiero mucho.
Una carta de amor y reflexión de un padre o madre a su hijo, reconociendo que el verdadero papel no es moldearlo, sino acompañarlo con paciencia, presencia y respeto mientras él descubre quién es.


