
¿Experimentación?
Noviembre es el mes del crisantemo. Una flor con variedades de muchos colores y que, aparte de acompañarnos en casa, acompaña a esas personas que queremos mucho pero que ya no están físicamente entre nosotros, aunque sí en nuestro recuerdo.
¿Por qué trabajamos con plantas con nuestros pequeños trotamundos?
Porque cuanto más tocan, ven, huelen, escuchan o chupan, más conexiones neuronales realiza su cerebro, conexiones sinápticas que les van a llevar al mejor desarrollo posible en función de las características personales de cada uno.
La estimulación sensorial es absolutamente necesaria para conseguir una integración sensorial en la persona desde que nace y, de una forma muy especial, a lo largo de la edad más temprana, entre los 0 y 6 años.
Durante este periodo inicial de la vida hay que lograr que con nuestra ayuda el niño consiga el mayor número de sinapsis posibles en su cerebro.
En este sentido, las plantas tienen muchos beneficios porque el tacto, la vista, el gusto y el oído participan a la vez en una misma estimulación. Os lo explicamos:
- Ante una planta los niños van a utilizar la vista, ya que les invitamos a observar el crisantemo detenidamente. Les hablamos del color de los pétalos, de su tamaño, de la forma que tienen…
- Además, comparamos y buscamos objetos de colores similares en su entorno.
- ¿Habrá algún bichito en nuestra planta? Utilizamos lupas de aumento para ver si tenemos la “suerte” de encontrar algún animalito, que aunque a las profes no les guste, a los niños les encanta.
- Utilizamos el tacto, permitiendo que el niño toque suavemente los pétalos, las hojas y el tallo. ¿Son suaves, ásperas o pegajosas? Y volvemos a comparar la textura de las hojas del crisantemo con las de otras hojas de plantas que tenemos.
- La actividad, entonces, se transforma progresivamente en un juego sensorial de amplia dimensión porque hemos mezclado materiales como plantas y arena y es el momento de tocar y meter la mano en ese barullo de cosas diferentes: hojas, palos, arena, piedrecitas…
- Y también trabajamos el olfato oliendo el crisantemo ¿Qué aroma tiene? ¿Huele dulce, fuerte, es agradable, me gusta? Y aprovechamos para captar olores de diferentes flores con aceites esenciales que les ponemos en la mano y, mientras, nosotras “observamos caritas”.
- ¿Suena el crisantemo? Aprendemos a escuchar y a prestar atención: ¿suena o no suena? Si no suena, ¡silencio!
- Y ahora llega un momento delicado. ¡No os preocupéis, que no vamos a chupar la planta! Les enseñamos que una planta no se chupa, no se come, que si lo hacemos nos podemos poner malitos y nos puede doler la barriguita. Lo que sí que nos vamos a comer es un trocito de fruta para celebrar todo lo que hemos trabajado, que ¡eso sí se come!
Actividades preciosas para trotamundos preciosos.


