
Educar en la asertividad: un regalo para toda la vida
Una de las mayores preocupaciones de las familias es que sus hijos aprendan a relacionarse con los demás de una forma sana. Queremos que sean capaces de defender sus ideas, expresar lo que sienten, poner límites cuando sea necesario y, al mismo tiempo, respetar a quienes les rodean. Y todo eso tiene un nombre: asertividad.
La asertividad es la capacidad de expresar pensamientos, emociones, necesidades y opiniones de forma clara, respetuosa y adecuada, sin imponerse a los demás, pero sin renunciar tampoco a uno mismo.
No nacemos siendo asertivos. Es una habilidad que se aprende desde los primeros años de vida y que se construye poco a poco a través de las experiencias diarias.
¿Por qué empezar desde tan pequeños?
Durante los primeros años de vida el cerebro experimenta un extraordinario desarrollo. Es el momento en el que los niños comienzan a descubrir quiénes son, qué sienten y cómo se relacionan con las personas que les rodean.
Aunque todavía no puedan expresar todo con palabras, ya están aprendiendo algo muy importante:
- Que sus emociones tienen valor.
- Que pueden comunicar sus necesidades.
- Que existen normas y límites.
- Que los demás también sienten y necesitan ser respetados.
Cada una de estas pequeñas experiencias constituye la base de la futura asertividad.
Un niño que aprende desde pequeño a decir «no quiero», «me da miedo», «estoy enfadado» o «necesito ayuda» de una manera adecuada tendrá muchas más herramientas para desenvolverse con seguridad cuando sea mayor.
La diferencia entre ser asertivo, pasivo o agresivo
En ocasiones confundimos la educación con la obediencia absoluta o, por el contrario, con permitir cualquier comportamiento, sin embargo, existe un punto de equilibrio.
- Un comportamiento pasivo lleva al niño a callar siempre, evitar conflictos o aceptar situaciones que le hacen sentirse mal.
- Un comportamiento agresivo aparece cuando intenta conseguir lo que quiere mediante gritos, amenazas, enfados o imposiciones.
La asertividad ocupa el camino intermedio: expresar lo que uno necesita con respeto hacia los demás. Ese equilibrio no surge de manera espontánea; necesita ser enseñado y practicado muchas veces.
¿Cómo podemos educar la asertividad en casa?
La mejor enseñanza siempre llega a través del ejemplo.
Los niños observan continuamente cómo hablamos, cómo resolvemos los desacuerdos o cómo reaccionamos cuando algo no sale como esperábamos.
Si queremos que aprendan a expresarse con respeto, necesitan ver adultos que también lo hagan.
Además del ejemplo, existen pequeñas acciones cotidianas que ayudan enormemente:
- Reconocer sus emociones antes de corregir su conducta.
- Enseñarles a poner nombre a lo que sienten.
- Escuchar sin interrumpir.
- Ofrecer pequeñas oportunidades para decidir.
- Respetar sus tiempos de respuesta.
- Ayudarles a pedir las cosas con educación.
- Enseñarles que un «no» puede decirse con cariño y firmeza.
- Mostrar que también deben aceptar con respeto el «no» de los demás.
La asertividad cambia con la edad por lo que la forma de trabajar esta habilidad evoluciona conforme el niño crece.
En los primeros años hablamos de emociones muy básicas: alegría, tristeza, enfado o miedo. Aprenden a pedir ayuda, esperar turnos, compartir materiales o expresar que algo no les gusta.
Más adelante aparecen nuevas situaciones: hacer amigos, resolver conflictos, aceptar frustraciones, trabajar en equipo o defender una opinión diferente sin discutir.
Durante la adolescencia la asertividad adquiere todavía mayor importancia. Saber decir «no» ante una presión del grupo, expresar desacuerdos con respeto o pedir ayuda cuando la necesitan se convierte en un auténtico factor de protección para su bienestar emocional.
Por eso es tan importante empezar pronto. Las habilidades que se practican desde la infancia acompañan a la persona durante toda su vida.
En Delphos creemos que educar también es enseñar a relacionarse. En consecuencia, en nuestra escuela entendemos que el desarrollo emocional forma parte inseparable del aprendizaje:
- Cada conflicto entre compañeros, cada turno de palabra, cada momento en el que un niño expresa cómo se siente o aprende a esperar constituye una oportunidad educativa.
- No buscamos niños que nunca se enfaden ni que siempre estén de acuerdo con los demás.
- Queremos ayudarles a convertirse en personas capaces de expresar lo que piensan, defender sus derechos con respeto, escuchar a los demás y construir relaciones sanas.
Educar en la asertividad no consiste simplemente en enseñar a hablar, consiste, sobre todo, en enseñar a convivir.




